Sinopsis
Durante las vacaciones de verano, Shizuku Tsukishima –una chica de secundaria– pasa su tiempo leyendo y traduciendo. Un día, un gato lleva a Shizuku hasta una tienda de antigüedades, allí descubre al Barón y conoce a un chico de su misma secundaria Seiji Amasawa, un aprendiz de luthier de violines.
Una serie de sucesos comparten Shizuku y Seiji, quizás son más afines de lo que parecen. Yoshifumi Kondō (director) y Hayao Miyazaki (guionista de este filme de animación japonesa; adaptación del manga de Aoi Hiiragi del mismo nombre) nos invitan a escuchar nuestra voz interior y a pulir nuestra piedra preciosa para vivir sin remordimientos.
Descubre sobre el Ikigai en la historia de Shizuku y Seiji
Cada ser humano que habita este inmenso planeta tiene un propósito, o por lo menos, así lo crees, es algo que desde la religión, la cultura y la sociedad te han enseñado, porque un propósito lo puedes entender desde el plano espiritual, pero también desde la realización personal o colectiva.
Para que cada ser humano tenga un propósito debe sentirse movido y atraído por algo, además debe estar convencido y dispuesto a aprender, a explorar y a motivarse para realizar aquello que lo atrae. Sí, se pueden tener dudas y se puede experimentar miedo cuando el propósito empieza a realizarse. Sin embargo, un propósito puede cambiar o puede ser para toda la vida, todo depende de los sentires, de las vivencias y sobre todo de las creencias y la confianza que cada ser tenga en sí mismo.
Tal vez, has escuchado sobre el Ikigai (生きがい), un discurso japonés que se originó con los estudios de la psiquiatra Mieko Kamiya en los años 50 tras observar el comportamiento de pacientes con lepra. Ella descubrió que muchos de sus pacientes, aunque tenían un diagnóstico desfavorable intentaron superarse, pero otros no.
Ella encontró que quienes intentaron salir adelante tenían algo en común y era un propósito que los animaba a moverse, por ende, ella emplea la palabra japonesa: Ikigai (生きがい) que no tiene traducción al español, pero que puede ser entendida como el propósito de vida, ese propósito que motiva, da confianza y está vinculada a la experiencia[1].
Sin embargo, en Occidente se ha expandido este discurso desde la autoayuda y el bienestar positivo, convirtiéndose en ocasiones, en interpretaciones superficiales y descontextualizadas, ya que en Japón, todavía se sigue investigando sobre cómo entender ese propósito de vida, partiendo de su cultura, historia, creencias y filosofía, por lo tanto, el Ikigai (生きがい) es un discurso complejo con matices que pueden variar o pueden omitirse, de acuerdo con la propia experiencia e historia de cada persona, así como su contexto.
Seiji Amasawa aparece en la vida de Shizuku. Su primer encuentro es molesto, pero una tarde cuando Shizuku está triste, vuelve a coincidir con él en la tienda de antigüedades –donde su abuelo es el dueño–, ella descubre un universo musical creado por manos artesanas, además conoce el objetivo de Seiji: ser luthier de violines en Cremona, Italia.

Shizuku está admirada por la determinación y perseverancia de Seiji para lograr su objetivo. Es interesante, como los encuentros aparentemente casuales entre ellos despiertan en Shizuku emociones inexploradas. De repente, la invade una sensación de vacío, mientras ella desea sumergirse en la lectura sin importar el paso de los días, hay alguien que le lleva la ventaja de tener un propósito y lucha por conseguirlo.
Quizás sea por tu naturaleza humana, por la complejidad de sentir o de vivir, pero en ocasiones, te comparas con otros: por tener o no tener; por ser o no ser; lo cierto es que te comparas y lo más seguro, es que en lugar de sentirte bien, crees que te falta algo; te cuestionas si estás haciendo lo correcto, si tus vivencias son las adecuadas, de por qué no tienes un propósito claro, por lo tanto, te presionas e intentas hacer lo mismo que el otro e incluso intentas superarlo, para no sentirte que estás un paso atrás.
Sin embargo, el Ikigai (生きがい) no es algo que se manifieste en un abrir y cerrar de ojos; es un proceso íntimo y una constante búsqueda interna; la comunidad es importante, pero tú propósito debe estar en sintonía con quién eres. Por ejemplo, Seiji encuentra esa chispa, esa razón de vivir que lo impulsa a moverse, a confiar y creer en lo que hace a través del arte de fabricar violines, aunque implique desafiar a sus papás.
Entonces, Shizuku decide escribir un cuento para alcanzar a Seiji, ella también quiere tener un propósito, pero se obsesiona por encontrar el desenlace perfecto. Ella se esfuerza para realizar una obra maestra, pero confiesa: desde el primer intento, ella comprendió que la motivación no era suficiente, si no estaba dispuesta a sacrificar lo necesario, por lo tanto, cree que fracasa.

El primer lector de su cuento es el abuelo de Seiji, él es sincero con Shizuku: ella ha encontrado su piedra preciosa, se podría entender como su Ikigai (生きがい), pero la tiene que pulir con paciencia, disciplina y esfuerzo, no puede rendirse ante su primera frustración y ante la expectativa, además debe concentrarse en sus propias capacidades, porque el camino de los demás no define el suyo.
Así, el Ikigai (生きがい) no es una carrera contra reloj, no es una lista interminable de pros y contras, de solo resultados, sacrificios y no de equivocaciones; al contrario, es un proceso de exploración, donde te conoces y te atreves. No obstante, las nuevas formas en las que te comunicas e interactúas en la sociedad, te persuaden y te empujan a cumplir con las expectativas de otros o peor aún a vivir conectados en las realidades de otros mediante las redes sociales, silenciando tu propósito.
Shizuku y Seiji te invitan a no tener miedo de escucharte y de confiar en ti. En ocasiones, debes silenciar las voces externas (familia, amigos, sociedad) para ser capaz de escuchar tu propia voz; de tener las agallas de levantarte aun cuando la frustración te visita; de no avergonzarte de tu sensibilidad, de ser fiel y responsable de ti mismo, pero sin irrespetar al otro. Una película animada atemporal que refleja una realidad olvidada.

Todos tienen algo de Shizuku y de Seiji. La necesidad de sentirse, de vivirse sin remordimientos ni culpa; de encontrar un propósito: el Ikigai (生きがい) para sentirse pleno con quién se es. La vida no tiene instrucciones para vivirse, sino que eres tú quién dentro de sus posibilidades y recursos puedes elegir e interpretar como vivirla. Le sucede a Kiki quien comprende que el camino elegido, es un camino colorido, pero complejo. Yoshifumi Kondō y Hayao Miyazaki te animan a ser el protagonista de tu propia historia.
[1]Vinaccia, S. (2024). Ikigai. Medicina, 46(1), 267–270. https://doi.org/10.56050/01205498.2346
Referencias
- Ikigai: A Japanese concept to improve work and life, Yukari Mitsuhashi (2017). https://www.bbc.com/worklife/article/20170807-ikigai-a-japanese-concept-to-improve-work-and-life
- Unveiling the Secrets of Ikigai: A Study on the Japanese Philosophy of a Meaningful Life, Flenninacia Basil Raj B & Dr. M. John Suganya (2023). https://ijnrd.org/papers/IJNRD2310352.pdf
- Ikigai. https://concepto.de/ikigai/
- Dos palabras japonesas para vivir mejor. Francesc Miralles, escritor. https://www.youtube.com/watch?v=ajM8ApY-zh8







