A veces, parece que el tiempo no pasa tan rápido ante nuestros ojos, sino que tiene su propio ritmo, un ritmo pausado que con el paso de los días acumula un sinfín de experiencias de todo tipo que de vez en cuando pasan desapercibidas, pero al mirar atrás: nos percatamos que ese ritmo en apariencia pausado seguía su propio curso sin detenerse.
Hace dos años Sentir el cine animado nació como un espacio de reflexión, como un espacio de explorar, de sentir y de vivir a través del cine en animación japonesa nuestra naturaleza humana, sintiente y contradictoria; hace dos años comencé a explorar las posibilidades que el cine animado tenía para conectar con quienes somos desde nuestro sentir social, cultural e individual para no olvidar que somos un complejo tejido que no puede comprenderse solo desde una lógica racional.
Hoy Sentir el cine animado cumple dos años, dos años de una excursión de búsqueda, reencuentro y sorpresa -que todavía sigue- en cada entrada compartida; creo que es una excursión que tiene muchos caminos y sobre todo puentes para llegar a ustedes, esos puentes que hacen lo inaccesible accesible a través de la palabra, a través de una exploración que no intenta etiquetar o restringir.
Por ello, creo que es tiempo de que Sentir el cine animado siga su excursión no solo en la animación japonesa, sino que explore otros países, otras culturas; quizás explore de vez en cuando series animadas. Creo que, al mirar atrás, entendí que estos dos años han sido un descubrimiento y redescubrimiento de historias que me gustaría compartir con ustedes.
Gracias por leer cada entrada que aquí se teje. Gracias a los visitantes pasajeros que se han atrevido a entrar y explorar el cine animado japonés. Gracias a los residentes permanentes, esos residentes que han confiado en refugiarse en este espacio vivo. De nuevo, gracias por creer y seguir creyendo en este espacio que poco a poco se renueva y transforma.





Deja un comentario