Cuando ocurre un evento inexplicable y somos testigos de ese evento: nos sentimos atraídos por aquello que desafía lo conocido, sentimos curiosidad y a la vez fascinación; quizás en un inicio nos de miedo o dudemos de si vale la pena indagar, pero los seres humanos somos inquietos por naturaleza; es algo que debemos entender desde todas las perspectivas posibles y debe tener un sentido.
Entonces, en esa necesidad de entender y de interpretar ese evento inexplicable, la emoción y el deseo nos impulsan a buscar respuestas, pero en esa urgencia por saber: olvidamos que aquello que nos fascina y nos incita a explorar tiene sus propias dinámicas sensibles y lógicas, por lo tanto, no significa que al no tener un lenguaje común no existan.
Koichi –un niño de primaria– decide cuidar de una extraña criatura; al llevarlo a casa, la familia Uehara descubre que son testigos de la existencia de un kappa*, un ser tenebroso y cruel, pero aquel parece inofensivo y necesita ayuda. Ahora, Koichi es responsable del cuidado de una criatura llamada Coo que al parecer solo era conocida en los libros y se dudaba de su existencia, pero se ha vuelto real al encontrarlo cerca del río Kurume.

Quizás algunas historias que conocemos desde nuestra cultura: las hemos aprendido en el colegio, de nuestros abuelos o las hemos escuchado; han pasado de generación en generación, porque explican y narran a partir de lo mítico y espiritual aquello que no puede comprenderse desde la ciencia.
Tal vez, parezcan absurdas y fantasiosas o tal vez, sean temibles y horrorosas, pero lo cierto, es que generaron costumbres y creencias compartidas, que en algunas sociedades todavía perviven. Quizás, parece que carezcan de sentido, pero fue el resultado de la interpretación y la lógica humana de ese momento, aunque no todo puede ser deducible por el hombre.
Se filtra una fotografía de Coo en una revista y la casa de la familia Uehara está rodeada por el bullicio de la gente curiosa y los medios de comunicación; están preparados para ir tras el objeto de su atención; no les importa invadir la privacidad, pasar por encima de quien sea, con tal de ver con sus propios ojos sí aquel ser tenebroso que solo conocían en los libros es de verdad… pero, tienen la intuición de que puede ser inofensivo y hasta tierno.

Nos hemos acostumbrado a normalizar como los medios de comunicación y las redes sociales convierten experiencias dolorosas, no tan comunes y tal vez reveladoras: en un acto morboso que se alimenta por la curiosidad de la inmediatez y la tendencia. Quizás, nos hemos acostumbrado a no ver más allá de lo evidente, sino que preferimos navegar a través de voces ajenas, antes que arriesgarnos a cuestionarnos, a buscar desde el respeto y la honestidad la veracidad de la naturaleza de las cosas sin desconocer su vulnerabilidad.
Así, Coo se vuelve la sensación en todo Japón; los empresarios están dispuestos a ofrecerle contratos jugosos; las marcas se pelean para ser sus patrocinadores; el papá de Koichi es presionado por la empresa para que Coo realice una entrevista; sin embargo, a Coo le horrorizan los humanos, no se siente seguro de la codicia que se muestra ante sus ojos, pero accede a participar porque la familia de Koichi es la excepción.
En la entrevista, Coo descubre que el experto en folclore japonés está vinculado con el samurái que mató a su padre –ese hombre que no lo escuchó, sino que decidió utilizar su espada– y tiene algo preciado que le pertenece. El enojo se apodera de Coo y sin darse cuenta tiene poderes que se activan ante la impotencia y la injusticia. Los humanos lo intentan atrapar, pero Coo huye.

Somos millones de seres habitando este planeta, pero parece que todavía nos creemos superiores en la cadena alimenticia, parece que olvidamos que coexistimos en la diversidad, por lo tanto, no estamos en una competencia de supervivencia con otras especies. Cuántas especies extintas por la codicia humana, tal vez son una especie más que no pudo adaptarse al progreso desmedido del homo sapiens-sapiens; sin embargo, su existencia no puede ser solo retratada desde la interpretación humana.
Así, vemos como los tanukis se defendieron hasta el final del hombre-máquina, si son seres míticos, pero nos revelan cómo la codicia humana puede convertirse en algo cruel y desmedido. Coo en un momento de desesperación para huir del morbo humano implora a los cielos que lo ayuden entonces, el temido dragón aparece y Coo comprende que no puede morir todavía y que la maldad humana no es común a todos los seres humanos, porque la familia de Koichi lo cuidó y protegió.
Keiichi Hara nos muestra en esta adaptación fílmica que los seres terroríficos y desalmados son los seres humanos; quizás la curiosidad es su arma de doble filo, parece que el respeto y la integridad se desdibujan cuando la excitación por algo nuevo surge. Sin embargo, no es común a todos, tal vez nuestra verdadera naturaleza reside en proteger y preservar la vida en todas sus manifestaciones.
* Criatura mítica del folclor japonés. Su apariencia es como la de un anfibio, tiene una especie de caparazón y una especie de pico, además tiene un plato en su cabeza; se considera un ser terrorífico ya que ahoga a sus víctimas; se cree que le fascina el sumo y los pepinos.


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