“Tal vez sí. No importa cuál sea la razón. Quiero estar contigo. Ya he vuelto”.
Mio
Alguna vez, te imaginaste ser el personaje principal de una historia como las que veías de niño en la tele: ser la princesa rescatada por un valiente caballero y vivir feliz para siempre o ser un superhéroe que derrotaba al enemigo y ser admirado; había un subidón de energía cuando lo ideabas, pero más allá de la delicadeza o la valentía, existían sentires que, en ocasiones, no te mostraban porque desafiaban la norma.
Así, la norma la entiendes como aquellos acuerdos sociales, morales y culturales que se generan con el fin de convivir en sociedad; las vas aprendiendo desde la niñez; acuerdos que pueden o no ser evidentes, pero que te alguna manera sabes que debes cumplir; normas que se afianzan y no se pueden contradecir porque se han venido tejiendo por mucho tiempo. Sin embargo, puede suceder que no te sientas identificado con ciertas normas que te empujan a actuar o sentir de cierto modo.
Si indagas en la historia descubrirás que las normas sobreviven o se transforman de acuerdo con las necesidades sociales y culturales, según el momento. Aunque, los cambios pueden surgir cuando la norma está mal encaminada al punto de generar malestares permanentes, es decir, cuando no se adapta a las dinámicas sociales o cuando se tiende a silenciar otras maneras de pensar, sentir y ser. Es la naturaleza humana quien genera los cambios.
Shun es un chico gay que aspira a ser novelista, desde que rompió el compromiso con su amiga de la infancia y les confesó a sus padres su atracción hacia los hombres, se fue de casa; no tiene recuerdos agradables de sus días de escuela, se siente culpable y despreciable de sentir lo que siente, de no poder ser lo que la sociedad espera de él: un hombre con hijos, un esposo ejemplar.

Se supone que cuando transgredes una norma, eres consciente que existen consecuencias por desobedecerla. No obstante, qué pasa cuando la norma está equivocada, pues quien no se identifica con ella y la cuestiona es quien sufre porque ha evidenciado cómo la sociedad invalida a quien no la acata; pero la transgrede no por capricho o maldad sino porque la norma no ha comprendido que la realidad humana no puede ser encasillada a un solo orden.
Por ejemplo, es paradójico que te muestren que eres libre de amar, pero los acuerdos sociales y culturales todavía eligen a quién y cómo debes amar. Si bien es cierto, las normas se generan para establecer ciertas pautas para comportarte y reconocerte dentro de una sociedad; al tratarse del sentir humano, de la vulnerabilidad e identidad que se tejen para que cada persona se distinga a través de su propia historia, las normas parecen inflexibles y autoritarias.
Mio es un chico que está acabando la secundaria y se ha quedado huérfano, su mamá acaba de morir y era la única familia que le quedaba. Mio conoce a Shun en una banca frente al mar, se acercan poco a poco como amigos, pero Mio decide terminar sus estudios en la isla principal de Okinawa.
Pasan tres años, Mio y Shun se vuelven a encontrar. Mio le confiesa a Shun que le gusta, pero él lo rechaza; cree que Mio está confundido, que es un impulso del momento; no obstante, Mio ha pasado tres años reflexionando sobre lo que siente, aunque Shun también está enamorado de él, prefiere alejarse, tiene miedo, aún no está preparado para afrontar el posible rechazo de la sociedad.

Las historias que veías de niño en la tele te mostraban lo fácil que era amar y decidir, esas historias te marcaron porque las utilizabas como referente para crear expectativas sobre lo que deseabas, pero esas historias nunca te mostraron que los finales felices, no están libres de sufrimiento o contradicción; entonces, a medida que fuiste creciendo comprendiste que hay veces, la realidad puede ser injusta y dolorosa.
Sin embargo, cada persona actúa de manera diferente ante las experiencias desafortunadas; algunos las afrontan con coraje u otros eligen no actuar por causa de sus recuerdos dolorosos o por miedo; algunos están preparados para abrazar los cambios bruscos, para ir en contracorriente si es necesario, pero otros no y es entendible, nuestras vulnerabilidades y sentires tienen intensidades distintas.
Mio es sincero y habla abiertamente de cómo se siente; nos revela a través de sus recuerdos con su mamá, que ella era un ser comprensivo y dispuesto a escuchar; le brindó un espacio seguro para ser y sentirse, por eso, Mio no teme expresar su amor a Shun, aunque la sociedad lo invalide. Por su parte, Shun no puede ser expresivo y sincero con lo que siente porque recuerda las burlas de sus compañeros, el enfado de su padre y la conmoción de su madre.
La historia de Shun y Mio te muestran una historia donde el amor no está acorde con la norma, en este caso no está acorde con las normas de la sociedad japonesa. No pueden decir abiertamente que han decidido amarse. Así que, cuando Shun lleva a Mio al hotel tomados de las manos, para confesarle que también le gusta; Mio siente cómo es observado y juzgado desde la distancia, pero en vez de soltarse decide apretar fuertemente la mano de Shun.

Quizás, pienses que las personas que reprochen o insulten con sus actos y palabras: la diversidad en cuanto a género, raza o cultura se trata, son personas insensibles e ignorantes; caer en dicha falacia es desconocer que los acuerdos sociales y culturales juegan un papel relevante en las creencias compartidas, en las normas que se deben cumplir para pertenecer a una sociedad.
Hoy por hoy, la diversidad humana ha sido un proceso de reconocimiento de subidas y altibajos. Es un proceso que toma tiempo porque conviven generaciones distintas en un mismo escenario; pretender que una mujer de 80 años o un hombre de 55 años acepten de manera natural que dos personas del mismo sexo se besen, que un hombre llore o que una persona con alguna discapacidad intelectual trabaje, no era bien visto: la norma lo castigaba; sin embargo, hay quienes se rebelaron y gracias a ellos se puede hablar abiertamente de diversidad.
La ex prometida y amiga de la infancia de Shun, Sakurako sabe sobre su orientación sexual, al igual que las dos chicas con quienes vive; no le recriminan su sentir o su actuar porque sigue siendo él mismo. Así, cuando decide volver a su casa familiar, le propone a Mio que lo acompañe porque es lo que desea, porque le ha enseñado que su elección de amar no es una cuestión despiadada, como sintió durante mucho tiempo, que debe aceptar quien es para no desfallecer ante lo injusto y doloroso. Mio acepta porque su elección después de reflexionar tres años es estar junto a Shun.

De pronto, descubres que los cuentos de hadas te mostraban solo una forma de amar. Cuántas veces creíste que aparecería la princesa o el príncipe en su noble corcel; cuántas veces dudaste de tú amor, de sentir como sentías porque no se adaptaba a la norma; quizás no llegues a comprender del todo la naturaleza humana: eres un tejido de vínculos afectivos, de creencias y sentires, por lo tanto, nadie tiene la respuesta definitiva de cómo vivir, aunque ello no significa irrespetar al otro.
Así, Akiyo Ohashi en esta adaptación fílmica te revela que, debes confiar en ti, no puedes reprimir quién eres por causa de una norma mal encaminada; en ese conflicto de pertenecer puedes ignorar tu humanidad, puedes olvidar tu propia voz. Hay veces, debes transgredir una norma mal encaminada para reconocerte: elegir amar no debe convertirse en una carga pesada o dolorosa, en un conflicto donde te sientes culpable o con remordimiento.


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