“Me quedé pasmada. No pensé que los espíritus malignos y esas cosas existieran de verdad. Me alegro de mudarnos a un pueblo como este. Puede que acabe conociendo a Totoro”.
Tetsuko
Será que es verdad, será que es cierto lo que dicen, es imposible que mientan. Intentas dudar, pero los demás están convencidos, entonces prefieres creer; para qué ahondar en algo que tiene sentido para los demás. Sin embargo, es fácil que un suceso pueda caer en las suposiciones, donde la verdad desaparece en algún punto porque a medida que la historia se compartió: se agregaron u omitieron detalles para que se volviera más intrigante.
En algún momento de tu vida has hecho suposiciones, en lugar de comprobar si es cierto, decides compartirlas porque sabes que tu intuición nunca falla. Así, tu mente es capaz de tomar eventos y vincularlos para generar una historia creíble que se adapte a las circunstancias; dando explicación a los sucesos que te llaman la atención. No obstante, la historia que ha generado tu mente no ha recreado la historia real, sino que se ha tejido por aquello que has querido interpretar, te dejas llevar por la emoción.
Cuando la suposición se convierte en una historia creíble no solo para ti sino para los demás, la supuesta verdad se convierte en una certeza innegable. Entonces, se debe mantener a como dé lugar, aunque no tenga lógica, porque lo que vale es la credibilidad que la persona tiene sobre la historia. Cuántas veces al escuchar una historia inquietante o sorprendente pasas por alto esos detalles que pueden ser su talón de Aquiles.
Entre los pasillos de la secundaria ronda una historia aterradora: Un senpai llamado Yuda fue asesinado por alguna de sus cuatro mujeres, su espíritu maldito no ha dejado la escuela. La nueva chica de la clase: Tetsuko se sienta en un asiento vacío y empolvado, ninguno de sus compañeros le advierten de su mala suerte, sino que deciden ignorarla; Tetsuko no entiende lo que pasa.
De pronto, se encuentra en una especie de ritual implorando junto con sus compañeros de clase al espíritu de Yuda para que no moleste más, su compañera Mutsumi Mutsu, conocida como Moo, ha sido quien los ha salvado, ella es quien tiene contacto con el inframundo, es la única que tiene el poder de ayudarlos.

Sin embargo, algo no cuadra. Tetsuko ha sido liberada de una supuesta maldición gracias a Moo, pero por qué parece que dicha historia no es tan creíble. La policía no fue a investigar el asesinato de Yuda, su tragedia no apareció en las noticias, la escuela nunca se refirió sobre el incidente, además por qué sus compañeros deciden aceptar semejante historia y no buscar respuestas que puedan comprobar lo que en verdad sucedió.
Tetsuko descubre que vive en la casa donde vivió Yuda, el supuesto compañero asesinado, así que horrorizada, decide enfrentar la verdad asaltando la casa de su vecina: Hana la chica que fue compañera de la supuesta víctima de las cuatro mujeres. Pero, por un giro de los acontecimientos, Hana termina persuadiendo a Tetsuko para saber el paradero de su compañero. Así, idean un plan para resolver el supuesto misterio.
Las historias que escuchas, las historias en las cuales decides creer: no solo se tejen por los sucesos, es decir, por los eventos que ocurrieron en un momento en específico, sino que se tejen desde un complejo entramado que se origina antes, durante y después de los sucesos que tejen la historia, donde entran en juego las motivaciones, sentires, creencias y por supuesto las suposiciones que generan el impacto y la intriga.

Quizás, una suposición se teje para infundir miedo, para someter al otro, para persuadirlo o quizás, se hace por ingenuidad, pero cuando cae en las manos incorrectas, las suposiciones terminan generando malentendidos y malestar.
Así, Hana no ha salido de casa en más de un año porque no ha estado tranquila desde la última vez que estuvo con Yuda, cree que ella es la autora material de su asesinato, la protagonista malvada de la historia que circula entre pasillos. Aquella vez, su venganza se convirtió en arrepentimiento cuando escuchó a unos compañeros que por la picadora de abeja alguien podría morir.
Además, Moo en realidad nunca fue poseída por el espíritu de Yuda, lo hizo para que sus compañeros dejaran de acosarla, fue su recurso para librarse de los malos tratos. Y por si fuera poco el tal Yuda si tenía cuatro mujeres, pero la manera de estar vinculado a ellas era por un curioso papel que Hana le dio como declaración de amor.

Quizás, en el juego de la suposición todo es válido, en el juego de tejer una historia creíble para estimular el morbo. Un juego en apariencia inofensivo que se descubre en nuestra vulnerabilidad humana. Shunji Iwai te invita a encontrar las respuestas correctas en el juego de la credibilidad, tal vez puedan persuadirte, pero una verdadera historia no puede sostenerse en lo posible.


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