“Lo olvidaré después de muchos y muchos recuerdos. Lo olvidaré todo. Sí, no será más que una pequeña lágrima”.
Leilia
Es difícil empezar de nuevo, es difícil borrar el pasado con nuevas acciones. Tantas cosas pasan frente a tus ojos, tantas… que solo retienes en la memoria los momentos alegres, los momentos que de alguna manera te confortan en las tormentas más oscuras.
Hay veces, cuando las circunstancias de la vida te toman por sorpresa, cuando los cambios bruscos se manifiestan, no sabes qué hacer o a dónde ir. Una infinidad de pensamientos revolotean por tu mente. Cómo dar el siguiente paso; cómo mirar hacia adelante, cuando te encuentras en soledad.
Tienes dudas; enfrentar los cambios bruscos requiere de coraje y confianza. Te sientes vulnerable e indefenso, tienes miedo de equivocarte. Cómo podrías asegurar que lo vas a hacer bien; no hay nadie que te guíe, no hay nadie que te aliente, sabes que debes empezar de cero y no puedes dejar tu camino a la deriva.
De pronto, Iorph –un pueblo cuyos habitantes viven miles de años y entretejen el Hibiol– es atacada por soldados del reino de Mezarte, el pacífico pueblo es incendiado y Maquia –una chica huérfana de 15 años– es alejada de su único hogar. Ahora, está sola en el bosque; a punto de saltar al vacío escucha el llanto de un bebé y decide buscarlo.
Maquia encuentra un bebé entre los brazos de una madre sin vida, entonces decide criarlo. Quizás ese pequeño es su Hibiol, quizás pueda aliviar el vacío de su corazón; comparten la misma suerte: son seres solitarios sin hogar, seres que no tienen un lugar al cual pertenecer.

Los cambios bruscos que vives te empujan a experimentar nuevas experiencias, desafían tus creencias, por ello, dependiendo cómo los intérpretes pueden convertirse en un aprendizaje, en una oportunidad o en una dificultad. Tus sensibilidades están más receptivas de lo habitual, experimentar nuevas experiencias implica reconocer o generar nuevas creencias y emociones.
Maquia sentía un dolor inexplicable cuando era testigo de las muestras de afecto que no pudo tener; la Anciana y sus amigos de Iorph eran amables con ella, pero no era suficiente. Ahora, todo aquello que quiso sentir y no pudo, aquello que sentía que era importante, pero no lo tenía lo está viviendo junto al pequeño Ariel; ésta decidida a descubrir cómo ser una madre y cómo protegerlo.
Sin embargo, Maquia pensó que podía salir adelante con tan solo desearlo, pero entiende que la vida humana es compleja. El pequeño Ariel la alienta con su sonrisa y calidez, el pequeño juega y se divierte junto con sus amigos, parece que el complicado mundo humano no puede contra ella cuando está junto a él.
Te han enseñado desde las creencias compartidas a encarar la adversidad con coraje: no puedes flaquear, no puedes dejar que tus emociones te dominen; debes sobrellevar los cambios bruscos con sensatez, debes mantener la cabeza fría, pero no te mostraron la otra cara de la moneda, esa cara donde tus sensibilidades afloran y de pronto, el amor vulnerable y sensible nace, el cual te brinda la energía necesaria para salir adelante.
Hay veces, te parece extraño y quizás, absurdo que el amor pueda ser el puente para comprender y reconocer al otro en la adversidad, porque crees que el amor debe traer solo felicidad y esa felicidad debe mantenerse en el tiempo a toda costa. Aunque, el amor no es tan simple y no lo puedes reducir a un vínculo recíproco que solo se nutre de afecto, no lo puedes determinar por los momentos agradables y felices, no lo puedes etiquetar solo con las emociones positivas.
Cuando Ariel es adolescente, sabe que Maquia no es su verdadera madre. Él está en conflicto consigo mismo, quiere protegerla, pero a la vez está enojado con ella, además la apariencia jovial de ella choca con su creencia del amor maternal. Se enlista como soldado y se despide quizás para siempre de Maquia.

En ocasiones, te resulta difícil distinguir entre el amor y el apego porque crees que el apego es una forma de amar, es decir, cuando piensas que debes persuadir al otro para que haga lo que tú crees que es mejor para esa persona, sin tener en cuenta sus sentimientos; cuando piensas que solo tú puedes satisfacer sus necesidades y crees que no puedes vivir alejada de esa persona porque algo te falta.
Por ejemplo, Krim está obsesionado con rescatar a Leilia del reino de Mezarte, quiere volver a recrear los tiempos felices, por lo tanto, está dispuesto a eliminar las vivencias que Maquia y Leilia comparten con los humanos, su Hibiol no puede contaminarse. No obstante, cuando Krim y Leilia se encuentran después de muchos años: ella no es la misma chica decidida y alegre de su recuerdo; el amor se ha transformado.

Tienes la creencia compartida sobre el poder del amor, ese poder que puede con todo y no es doloroso, pero en realidad el amor no lo puede todo, el amor no es un superpoder: el amor es vulnerable y contradictorio, el amor es humano y doloroso. Amar es reconocer que no existen los finales con felices para siempre porque nuestro camino se da a través de ritmos distintos, con tropiezos y caídas.
Eres un ser de estímulos, eres un ser sensible que está explorando la vida, cuando vives cambios bruscos y tu vida da un giro de 180 grados: descubres la intensidad de tu sentir, eres un ser de carne y hueso que puede reír y llorar al mismo tiempo en la adversidad; además no estás solo. Amar es arriesgarte a sentir y reconocer tu propia vulnerabilidad, aun cuando parece que no queda nada más.
Cuando Maquia y Ariel se vuelven a encontrar en medio del ataque al reino de Mezarte, se dan cuenta que el vínculo que todavía comparten es un amor entre madre e hijo, un amor que se teje a través de fracasos y aprendizajes, de sinceridad, que va más allá de un lazo sanguíneo. Parece que está vez el adiós es definitivo.
No obstante, Maquia, aún jovial se despide del anciano Ariel, de aquel que alguna vez fue niño y tejió junto a ella su Hibiol. Maquia vuelve a casa después de muchos años y le dice adiós al amor maternal que fue humano y ahora es eterno.

Mari Okada te revela que amar es un avance, un retroceso, es un largo viaje; amar implica que estés dispuesto a fallar, estés dispuesto a caer las veces necesarias para comprender que el amor se teje al descubrirlo, nombrarlo y vivirlo.


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