“Algo que desaparece al tocarlo…es igual que la nieve”.
Horatu
Descubres emociones y sensaciones en cada etapa de la vida: afloran en las experiencias dolorosas o alegres, en los momentos preciosos o tristes. Tu manera de sentir es activa y dinámica, se manifiesta cuando vives, interpretas o recuerdas.
Tus emociones pueden afianzar tus creencias propias, pueden convertirse en aliados o enemigos según cómo interpretes tus vivencias. Así, cuando generas puentes comunicativos con el otro, cuando los vínculos afectivos nacen: las emociones son intensas y profundas.
Compartes y conectas con el otro porque simpatizas, confías y te sientes cómodo. Las relaciones humanas se tejen a través de nuestras sensibilidades y creencias propias. Los vínculos afectivos son diversos y genuinos, se generan porque decides confiar en el otro, decides compartir tu camino a través de experiencias y momentos significativos.
Gin no es ni humano ni yokai*; es un ser solitario y el bosque es su refugio, no sabe sobre el sentir humano, aunque desea experimentar la calidez humana. El dios de la montaña lo acogió cuando fue abandonado, pero ahora vaga por el bosque sin encontrar el sentido a su existencia ya que desconoce su propia naturaleza. Lleva puesta una máscara para parecer un ser temible.
Un día, Horatu una niña de seis años se pierde en el bosque, no sabe qué hacer; aparece Gin, pero ella no siente miedo al contrario se siente aliviada y él le muestra el camino de regreso a casa. Hotaru le agradece y promete volver. A partir de ese encuentro Hotaru y Gin se divierten juntos cada verano. Una amistad nace y la condición de Gin no es obstáculo para que Hotaru le enseñe sobre el mundo humano.

Sin embargo, los vínculos afectivos que generas pueden afianzarse o transformase. Ya no te motiva o impresiona aquello que te hacía emocionar de niño; no sientes lo mismo que hace cinco años: cambias porque las experiencias de la vida cambian; quizás mantengas creencias o comportamientos que te ayudan a adaptarte, pero la historia que vives mantiene un ritmo, un ritmo con intensidades que pueden persuadirte o pueden retenerte.
Ahora, Hotaru está en bachillerato y sus sentimientos por Gin se transforman: anhela verlo y tocarlo, aunque no pueda; la mayor parte del tiempo piensa en él; el verano ya no es suficiente. Hotaru imagina su futuro con él, pero sabe que ella envejecerá algún día, sabe que ella no seguirá siendo la misma, aunque lo que siente por él es algo que traspasa lo místico.
Hotaru le enseña la calidez humana a Gin, despierta en él la sensibilidad y deseo humano. Entonces Gin comienza a ver con otro ojos a Hotaru; ella no se espantó de su naturaleza, no huyó al saber su condición: desaparecerá sí un humano lo toca, pero él anhela tocarla, aunque no puede; no es un ser mortal, no puede seguirla porque el bosque es su único refugio.

Te emocionas cuando imaginas sucesos que deseas vivir, de tan solo pensar que pueden hacerse realidad una sonrisa se dibuja en tu rostro. Sin embargo, una cosa es lo que deseas y otra cosa muy distinta es lo que estás viviendo. Hay veces, aquello que deseas puede volverse doloroso porque la realidad no está en sintonía con tu expectativa. Entonces, parece que debes elegir entre seguir alimentando tú deseo o poner los pies sobre la tierra.
Gin debe renunciar a vivir con Hotaru otras experiencias lejos del bosque y Hotaru debe renunciar a la idea de tocarlo para permanecer a su lado. Ambos renuncian a la expectativa, al deseo para estar juntos; parece que son conscientes de su realidad. Sin embargo, en ocasiones las cosas no salen como esperas porque nada está escrito como piensas que debe ser, sin que lo notes aún te persuade la expectativa.
Gin por accidente toca a un niño humano, consternado extiende los brazos y Hotaru se abalanza hacia él, se abrazan por primera vez, pero dura poco: Gin se extingue para siempre. Ahora, solo quedan los momentos compartidos. Ahora, solo vive en el recuerdo de Hotaru.

Puedes arriesgarte a sentir y a vivir las sensaciones indescriptibles de querer a otro, pero debes prepararte para los posibles desenlaces. Las emociones intensas y profundas no pueden protegerte del dolor, no pueden cambiar lo inevitable, la naturaleza del afecto es vulnerable y sensible.
Takahiro Omori en esta adaptación fílmica te muestra en una historia mística y dramática: la metamorfosis de las relaciones humanas. Los vínculos afectivos son tejidos complejos, vivos y sintientes; eliges querer y compartir tu camino porque aun cuando solo quedan los recuerdos: viviste y sentiste un momento irrepetible.
* Criatura mística en el folclor japonés.


Replica a Noctua Nival Cancelar la respuesta