“Criaturas patéticas, pronto todos ustedes sentirán mi odio y sufrirán como yo he sufrido”.
Nago, dios jabalí
No es sencillo. Crees que haces lo correcto. Entonces, piensas que puedes reprocharle al otro las supuestas malas acciones que hace, tú no te equivocas, tú no estás actuando sin conciencia. ¿Acaso no es obvio, acaso no se ha dado cuenta que sus actos egoístas solo causan dolor?
No lo entiendes. Tantas creencias y discursos sobre la empatía, el amor, pero todavía no han sido suficientes para tocar las fibras sensibles de quienes desean dominar sin importar el daño con tal de satisfacer su vanidad, su ego. Hay veces, te parece absurdo que las personas sean apasionadas sobre esas ideas que llevan al odio.
La violencia, ese recurso despiadado que desconoce de humanidad: no es fácil domarla cuando las ideas apasionadas toman el control, cuando enceguece a quien decide seguirla y sin importar el bando de bueno o malo confunde para continuar alimentando la venganza y el rencor, de quienes han sido testigos de su crueldad.
Por un lado, Lady Eboshi –líder de la Ciudad de Hierro– está decidida a destruir el bosque del Oeste para expandir el negocio de fundición, además solo le interesa salvar a los suyos, no le importa nada más, cree que los espíritus del bosque, las criaturas que allí habitan no son más que un obstáculo para su objetivo.

Por eso, crea armas más ligeras que las mujeres puedan portar para defenderse de “las bestias”. Pero, Lady Eboshi desconoce que su vida y la de los suyos está vinculada al Espíritu del bosque, desconoce que extinguir la naturaleza viva es extinguir su propia existencia, además cree que las criaturas del bosque son solo bestias salvajes.
Por otro lado, San –conocida entre los humanos como la princesa Mononoke– odia a los humanos, están derramando sangre inocente en el bosque; tiene la idea general que son desalmados, egoístas y crueles. Por lo tanto, San defiende y ataca sin tenerles compasión; es la hija adoptiva de Moro, la diosa del clan de los lobos.
Sin embargo, lo que no sabe San es que los humanos también sufren por causa de su misma especie; no sabe que Lady Eboshi ayuda a los marginados de la sociedad: los leprosos, las mujeres de los burdeles, todo aquel al que le han dado la espalda, por lo tanto, ignora que en la Ciudad de Hierro existe un vínculo amistoso en vez de desprecio.

Generas pensamientos, creencias, emociones desde tu experiencia y aprendizaje, desde aquello que percibes y te enseñan como correcto o incorrecto, por eso, a medida que creces sabes que puedes señalar o condenar un mal comportamiento porque has entendido y reforzado las creencias compartidas para respetar al otro, para reconocer su existencia, pero qué pasa cuando ese otro no simpatiza con tu creencia, cuando justifica su actuar violento.
San y Lady Eboshi son dos mujeres dispuestas a luchar por sus principios, por los suyos, quién podría ser la villana o la heroína cuando desde su moral, creencia y sentir piensan que están en lo correcto. Lady Eboshi recurre a la violencia, al igual que los samuráis para protegerse y arremeter contra aquello que consideran peligroso. Aunque, San solo ataca cuando se requiere, escucha al Espíritu del bosque.
Eres un ser visceral, actúas más desde la emoción que desde la razón; el neurocientífico Antonio Damásio lo demuestra a través de sus estudios donde la emoción se vuelve un agente activo en el cerebro; tú comportamiento se inclina más hacia la balanza de tus sensibilidades. Quizás, la intensidad de tus sensibilidades te empujan a actuar precipitadamente. Quizás, tu ser visceral ignora la razón a la hora de defender tus convicciones.
Los jabalíes están dispuestos a extinguirse para vengar la muerte del dios jabalí Nago. Los jabalíes creen que no queda otra opción más que el combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, el príncipe Ashitaka al llegar al Oeste para cambiar su destino, se adentra en la Ciudad de Hierro y en el profundo bosque descubriendo que el odio y la venganza solo trae desgracia, dolor y muerte.

El príncipe Ashitaka no elige ningún bando, sabe que tanto la Ciudad de Hierro de Lady Ebashi y su gente sufren al igual que San y todos los seres del bosque. Ambos bandos lloran a sus muertos, ansían la libertad para los suyos, pero en el caso de Lady Ebashi y los samuráis la violencia es el único recurso para asegurar su futuro.
Así, el Espíritu del bosque es decapitado, los seres humanos son acorralados en la destrucción y la zozobra. Entonces cuando no queda nada más que cenizas, cuando están indefensos, desprotegidos y a punto de vivir un destino fatal: con los ojos bien abiertos son testigos del daño que causaron, pero a la vez son testigos de ver como de nuevo la vida brota en el bosque.

Hay veces, parece que debes llegar hasta un punto de no retorno, hasta un punto álgido de tu vida para que puedas descubrir hasta donde tus elecciones te han llevado. Eres un ser complejo; con dudas y contradicciones, con creencias e inseguridades; cada paso que das pareciera que es firme, correcto, pero en el camino te puedes tropezar, dar un mal paso o equivocarte.
La historia que conoces se ha tejido con conquistas sangrientas y poder desmedido; parece que solo se escribe con sangre y desgracia; parece que los puentes comunicativos que se generan es a través de la violencia cuando se piensa diferente; sin embargo, el Espíritu del bosque aunque muera por causa de la codicia humana, no los desampara, no los reprocha, sino que les revela que aquel que recurre a la violencia se convierte en víctima de ella.
Hayao Miyazaki te muestra que aún cuando la vanidad y el egoísmo arrasen con todo a su paso, cuando pareciera que solo queda el dolor: vives y sigues en pie para retomar tu camino o para cambiarlo; eres un ser complejo y contradictorio de eso no cabe duda, pero en la adversidad quizás descubras que el único obstáculo es la violencia.


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