“Cada uno tiene una identidad incluso los aprendices jóvenes. Pero, yo todavía no poseo ninguna. Al irme, esperaba convertirme en algo más que una princesa…Quiero experimentar incluso los fracasos que me esperan afuera en el mundo.”
Princesa Arete
Por qué, te preguntas. Intentas encontrar una explicación, intentas no dejarte llevar por la emoción, pero es imposible pasar por alto lo que te hiere e incómoda. No has hecho nada malo, solo has decidido vivir a tu manera, tienes miedo, pero no quieres renunciar tan fácilmente.
Sin embargo, arriesgarte a vivir implica en ocasiones, generar puentes comunicativos, soltar lazos afectivos o desafiar las creencias compartidas. Tu familia, tus amigos, las personas cercanas a ti y la sociedad pueden apoyarte o reprocharte por las elecciones que tomas de acuerdo con la experiencia, el saber y las costumbres.
Eres libre de elegir, pero tienes vínculos con personas, creencias y expectativas. Te han enseñado a seguir las normas; te han alentado a no rendirte, a seguir sin mirar atrás; te han inculcado que debes creer en ti sin importar nada más; no obstante, cuando llega la hora de elegir parece que no puedes elegir algo diferente a lo conocido, algo diferente a lo que esperan los otros de ti.
Así, la princesa Arete vive confinada en una torre; no puede decidir por ella misma, debe vivir por y para otros, su destino es casarse con el valiente caballero que elija su padre; parece que no puede ir en contra de lo establecido, parece que debe seguir al pie de la letra cada demanda de un hombre con poder; su libertad es ver la vida a través de la ventana de la torre, alejada del contacto humano.

En ocasiones, no es suficiente cumplir con las expectativas de los demás, también tienes que moldearte a sus exigencias. No puedes rebelarte contra aquello que se ha creído y vivido durante generaciones, no puedes hacer lo que consideras correcto porque se deben cumplir los acuerdos sociales; no obstante, intuyes que algo no está bien, que debes desafiar la tradición para reconocer tu propia voz.
La princesa Arete no está dispuesta a seguir un destino obligado, controlado y sumiso. En realidad, la ventana no es el único contacto con el mundo, el pasadizo secreto que hay en su cuarto la lleva a explorar el pueblo y las cámaras del castillo.
La curiosidad la impulsa a contemplar y desear vivir por ella misma los misterios de la vida, los misterios que hacen al ser humano crear, inventar y migrar. Sin embargo, la princesa es víctima del hechizo de un mago llamado Boax, quien la confina en la cámara de las ruinas de su castillo.

Hay veces, parece que no basta el coraje y la determinación para encarar los acuerdos sociales, para demostrar que no te equivocas, que tu camino no puede moldearse por otras voces, para evidenciar que la tradición no puede ser una camisa de fuerza que solo adoctrina sin ser flexible y orgánica.
Entonces, te desmotivas porque sientes que no puedes seguir nadando en contracorriente, descubres que vivir a tu manera puede convertirse en una carga pesada cuando la sociedad te reprocha cada paso que das, cuando no sientes apoyo. Pero, cuando te escuchas, cuando miras atrás y ves el camino que has recorrido con todas las intensidades y contradicciones: sabes que las caídas son parte de la aventura.
La princesa Arete rompe el hechizo al recordar su propia voz, al recordar que para ella la vida tiene un significado donde cada ser es único e irrepetible, una historia que solo puede ser vivida por quien está dispuesto a vivirla con todos sus matices. Entonces, utiliza su último deseo: el deseo de ser libre. Ya no existen muros para explorar el mundo, ya no existen creencias compartidas que la aten a vivir pasivamente.

Sunao Katabushi te revela que los desafíos para elegir tu propio camino no son los vientos desfavorables, las tradiciones estrictas o las expectativas por cumplir sino los verdaderos desafíos son: no renunciar a vivir, a escuchar tu propia voz, a confiar en ti porque en definitiva la vida que eliges vivir es tu propia historia.


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