Parece imposible, casi ilógico que nuestros sentires más recónditos e imperceptibles se manifiesten a través de los sueños. Esas imágenes que recreamos en nuestra cabeza mientras dormimos parecen una película extraña y absurda o nostálgica y distante, nos inclinamos más hacia la idea de que los sueños carecen de sensatez.
Sin embargo, cuando dormimos nuestros procesos cerebrales que activan la razón y el estado de alerta bajan su nivel de funcionamiento así, otros procesos se activan para dar rienda suelta a los conflictos internos, a los sentires que silenciamos cuando estamos despiertos ya sea porque nos incomodan o nos inquietan, pero nos afectan, además de experiencias que nos marcan.
Quizás, los sueños pueden convertirse en presagios para advertirnos o alentarnos. Suzume –una chica de bachillerato– tiene un sueño recurrente: es una niña desesperada buscando a mamá, al no poderla encontrar llora; una mujer se acerca, su imagen es borrosa, pero en ese instante ella despierta. La mamá de Suzume murió en un desastre natural, su tía Tamaki es ahora su familia.

Los sueños pueden tener una interpretación desde el sentir y la lógica humana porque pueden revelar otra parte de nuestra naturaleza, lo planteó Sigmund Freud (referente conocido en el psicoanálisis) y recientemente el neurocientífico Sidarta Ribeiro ha centrado sus investigaciones en evidenciar cómo los sueños interfieren en nuestra naturaleza emocional, física y en nuestra relación con los demás.
Suzume conoce a Souta –un chico universitario–. Por causa de un misterioso gato: Souta se convierte en la silla infantil de Suzume. Así, Suzume se involucra en la misión de Souta: cerrar los Portales (las puertas) que se abren en las ruinas de lugares antes habitados para impedir que un gusano cause la destrucción.
Sin embargo, Souta no es tan ágil debido a su nueva apariencia. Últimamente, sus sueños le muestran que su apariencia humana está en algún lugar solitario, parece que no existe nada más, poco a poco su cuerpo se cristaliza. No sabe cómo interpretar lo que experimenta, cree que esos sueños se conectan de alguna manera con su condición, aunque no está seguro. No puede presentarse todavía donde el abuelo, no quiere llegar sin respuestas.

Hay veces, pensamos que nuestros sueños son una creación absurda de nuestra imaginación o son una señal débil que nos habla, pero no tomamos los sueños como una posible manifestación profunda de las experiencias y aprendizajes que nos marcan; de las emociones y sentimientos atemporales que pensamos que los hemos soltado, pero no; de los recuerdos que aún revolotean, además que pueden ser un camino para descubrirnos y quizás entender al otro como propone el neurocientífico Sidarta Ribeiro.
Los sueños pueden guiarnos a descubrir nuestra naturaleza, pero debemos estar dispuestos a explorar, a comprender su manera de manifestarse. Debemos ser cuidadosos en la forma en qué interpretamos aquello que experimentamos cuando dormimos, no podemos tomar a la ligera las imágenes que recreamos en nuestra cabeza, quizás son señales de nuestros sentires inexplorados y ocultos.
No obstante, Suzume y Souta no prestan atención al llamado de su sentir recóndito, están ocupados cerrando los Portales. Pero cerrar un Portal implica estar conectado con las sensaciones, las emociones y experiencias que se vivieron en las ruinas de ese lugar antes habitado, además de tener el coraje de no dejarse llevar por el Más Allá (el mundo donde los vivos no pueden entrar).
En la noria, Suzume es atraída por lo que ve en el Portal: el Más Allá le muestra el lugar de su sueño recurrente, cree que es la respuesta al vacío que siente, es el lugar donde puede reunirse de nuevo con mamá, pero Souta interviene y la tragedia se detiene. Sin embargo, cuando llega el momento de ayudar a Souta va al Más Allá y descubre que su sueño recurrente es un puente entre el futuro y el pasado, es un sentir cálido que había olvidado.

Por otro lado, en Tokio, el gusano está fuera de control, parece que la catástrofe es inevitable. Souta no sabe qué hacer, tantos conocimientos transmitidos por su familia para cumplir su deber como cerrador, que ahora en su apariencia de silla no puede encontrar la respuesta.
De pronto, descubre que ignoró las señales de sus últimos sueños que terminaron por cumplirse, cree que todo está perdido. Rechazó las señales de sus sueños porque de alguna manera se resignó a su destino, aunque sabía que tenía miedo de sacrificar su vida por un bien mayor, tenía miedo de vivir la desgracia en carne propia, pero Suzume lo salva.

Makoto Shinkai nos revela que nuestros sueños no son producto del azar, nuestros sueños nos hablan y son vínculos con sentires recónditos, experiencias que nos marcan, son historias tejidas que nos muestran otro lado de nuestra naturaleza. Estamos conectados a lugares, a momentos y a personas que son nuestros puentes con la vida.


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