Hay veces, nos lanzamos sin pensarlo demasiado, sin planearlo. Sentimos un deseo intenso de explorar el mundo y conquistarlo, es imposible que nuestras expectativas sean tan idealistas, tan ingenuas. Nos lanzamos sin mirar atrás, apostamos por un futuro brillante, por una vida feliz y sin contratiempos; no obstante, en ese deseo intenso, en la expectativa: olvidamos que debemos tener bien puestos los pies sobre la tierra.
Así que nos lanzamos sin cargar todavía con la responsabilidad de nuestras elecciones, solo nos lanzamos porque el deseo intenso de nuestro corazón no puede apagarse tan fácilmente o quizás, eso es lo que creemos. Nikuko –una mujer con sobrepeso y madre soltera– se ha mudado varias veces para dejar atrás los engaños, las mentiras de romances fugaces, su hija Kikuko –una niña de quinto grado–, parece comprender mejor que Nikuko que su bondad quizás ha sido su condena.
En ocasiones, la realidad y la expectativa no están en la misma sintonía. A diferencia de la realidad, la expectativa se genera desde nuestro propio pensamiento, deseo y creencia, por eso, nos acostumbramos a recrear en nuestra mente las infinitas posibilidades de ser, sentir y vivir donde el sufrimiento no existe. Sin embargo, las expectativas pueden ser compartidas desde los acuerdos sociales y culturales.
Por ejemplo, el amor lo entendemos como un vínculo afectivo fuerte, puro, recíproco y pasional, donde dos almas gemelas están destinadas a encontrarse y ser felices para siempre; una historia que nos la muestran una y otra vez desde el cine, la televisión e incluso, la literatura sin importar el tiempo y el lugar; se ha convertido en una creencia compartida, se ha convertido en una búsqueda constante en las últimas décadas. Parece que el amor es la fórmula mágica para ser felices y sortear los contratiempos de la vida, sobre todo la despiadada soledad.
Nikuko se ha enamorado incontables veces, parece que en cada ser ha encontrado el alivio a su soledad, personifica su expectativa romántica de un chico malo, pero de pronto, se convierten en villanos dispuestos a herir su corazón bondadoso. Aunque, Nikuko parece adaptarse a sus circunstancias desafortunadas sin ningún problema, la sonrisa en su rostro y su optimismo parecen extinguir las experiencias dolorosas que la acompañan, quizás a elegido interpretarlas de manera compasiva.

Su hija Kikuko es testigo de las dificultades que ha tenido que vivir su mamá para tener una vida decente. Pero, Kikuko en silencio se avergüenza del comportamiento y de la apariencia de su mamá, no le gusta que sus otros compañeros la vean junto a ella, prefiere sonreír ante los comentarios con poco tacto que le hacen; no puede comprender la personalidad despreocupada de Nikuko, su voluntad. En el fondo Kikuko se preocupa por ella, se pregunta por qué tiene una vida difícil; nos revela el amor inocente y sincero de una hija que entra en conflicto entre ser y ponerse la máscara para sentir que pertenece.

Amor que no solo es romántico e idealizado; amor vulnerable y humano; amor imperfecto, sintiente y contradictorio; amor real y sutil. El amor no toca a la puerta, el amor no es la personificación de nuestras expectativas, el amor nace cuando reconocemos la vulnerabilidad del otro, cuando somos capaces de comprender que ni nosotros ni el otro es perfecto, que no debemos presionarnos por aparentar ser lo que no somos, amar no es una cuestión de perder o ganar es una cuestión humana y sintiente.
Así, Nikuko y Kikuko nos muestran su ser vulnerable, sus cicatrices que son el recuerdo del pasado, pero que a pesar del dolor decidieron seguir porque el amor las abraza, al igual que sucede con Hana y sus hijos. Kikuko descubre que Nikuko no es su verdadera madre, entiende que su corazón bondadoso la protegió y la cuidó, por ende, el sufrimiento de sentir que fue un ser no deseado se alivia cuando habla con sinceridad con Nikuko y comprende que la supuesta ingenuidad y torpeza de ella es un amor sincero y resiliente.

Ayumu Watanabe en esta adaptación fílmica nos invita a vivir una historia donde el amor nace en la vulnerabilidad y contradicción humana. No somos perfectos: nuestras elecciones, experiencias y equivocaciones serán parte de nuestra historia, de nuestro pasado, por lo tanto, nosotros somos los responsables de cómo elegir recordar y soltar las emociones de nuestras experiencias dolorosas. No existen las respuestas correctas, no existe una vida sin contratiempos, quizás cuando amamos de corazón el peso de nuestro sufrimiento se aligera.


Replica a Leon Aguilar Zorro Cancelar la respuesta