Tantos seres habitando, tantos seres diversos y vulnerables. Tantos seres persiguiendo sueños, descubriendo caminos, aceptando realidades. Tantos… que olvidamos nuestra humanidad, olvidamos que en la diversidad habitamos y las creencias compartidas con el tiempo cambian quizás, por una cuestión de supervivencia o quizás, por una cuestión de equidad. Pero, lo cierto es que convivimos en un mundo con intensidades, saberes distintos y no podemos pretender reducirlo a una única verdad porque estaríamos ignorando la complejidad de nuestra naturaleza humana.
Aún, creemos que la diversidad solo se manifiesta desde el género, la raza o la cultura, pero hablar de diversidad es también hablar de la discapacidad: física, sensorial, intelectual o psíquica; discapacidad que pocos comprenden porque la viven en carne propia o la viven de cerca, además puede convertirse en una carga pesada por causa del descuido y el olvido de una sociedad; discapacidad que en ocasiones, por ignorancia rechazamos o no sabemos cómo interactuar con quienes también son seres sintientes, pero “no son como nosotros”.
Tsuneo –un estudiante universitario, ocupado en cumplir su sueño– acepta la oferta de la señora Chizu de cuidar a su nieta. Kumiko es una joven en silla de ruedas, una joven caprichosa y egoísta; en un principio, rechaza la compañía de Tsuneo, pero un día él la lleva al mar a ese mar que era parte del recuerdo; de pronto, algo cambia en Kumiko y el mundo que parecía inaccesible y lejano, habitado por tigres feroces tiene otros colores.

Kumiko descubre que ese mundo que su abuela le pinta como cruel y despiadado, no lo es, sino al contrario está pintado por lugares interesantes, por personas cálidas, por la inmensidad de un cielo que no se reduce a cuatro paredes; así, su ser solitario y caprichoso poco a poco se transforma. Empieza a ser sincera y amable con Tsuneo y él comienza a sentir curiosidad de cómo Kumiko ve el mundo.

Somos seres diversos, seres sensibles; somos seres con vivencias y creencias diferentes; sin embargo, todavía no reconocemos que cada ser tiene cicatrices, cicatrices que lo han llevado a generar muros para defenderse de aquello que puede causarle daño. Tantos seres habitando, pero cada uno con su propia realidad, con su propia historia.
Una persona con discapacidad, una persona diferente ante nuestros ojos, pero sintiente y real, es un ser que entiende su rol en el mundo de otra manera, una manera que no está establecida por el ideal impuesto, sino que está establecida a través del reconocimiento de sus derechos y necesidades. La abuela de Kumiko fallece. La vida de colores que parecía iba a durar por mucho tiempo, la vida que parecía abrazarla a través de Tsuneo, nuevas personas, nuevos lugares y pinceladas de pronto se apaga.
Ahora, Kumiko está sola e indefensa en este inmenso mundo. Pero, debe aprender a adaptarse a sus circunstancias; la abuela no está, el dinero que le ha dejado no va a durar toda la vida, por tanto, su sueño de ser ilustradora desaparece, ahora debe vivir por su propia cuenta. Al igual que sucede con Shouko, quien debe adaptarse a su condición. Tsuneo no lo entiende, por qué debe renunciar, por qué debe rendirse, si tiene todo para lograrlo, ante los ojos de él es así, pero lo que ignora Tsuneo es que sus realidades son diferentes.

No obstante, Tsuneo sufre un accidente automovilístico; aquello que había logrado con tanto esfuerzo durante mucho tiempo parece deshacerse frente a sus ojos. Se encuentra en una especie de laberinto sin salida; en un momento intenso y doloroso donde la frustración, la impotencia y la tristeza lo visitan. En cambio, Kumiko se encuentra al final del laberinto: encontrando su lugar en el mundo, viviendo el día a día como una “persona normal”.
Tsuneo comienza a comprender la rebeldía de Kumiko, su egoísmo, pero se rechaza así mismo, rechaza su nueva condición. Entonces, Kumiko está decidida a ayudarlo como él la ayudó, como él a través de la comprensión, la empatía y la sinceridad la ayudó a comprender los matices cálidos de la vida. Por lo tanto, ilustra un cuento sobre un pintoresco personaje que no se rinde ante la adversidad: Tsuneo se conmueve y decide volver a retomar su sueño, no puede ignorar su arduo trabajo por causa del malestar emocional, por una experiencia pasajera que deja cicatrices.

Hay veces, nuestra vida no va a seguir el curso que teníamos destinado para ella, no va a seguir un manual de instrucciones, sino al contrario va a sorprendernos más de una vez: con los cambios bruscos, con las circunstancias inesperadas, con el azar. Tal vez, es complicado entender que el misterio de la vida no puede encerrarse en las expectativas de nuestra mente; en las historias que recreamos a través de nuestros deseos o en el esfuerzo máximo que realizamos para sentirnos satisfechos con nosotros mismos, por lo tanto, aún con miedo, angustia o ira debemos aceptar los cambios bruscos, las circunstancias inesperadas y el azar porque es parte de nuestro camino, es parte de nuestra historia y es temporal.
Kōtarō Tamura y Sayaka Kuwamura en esta adaptación fílmica nos adentran en una historia donde la discapacidad física nos revela la vulnerabilidad de un ser que anhela sentirse «normal», además de los cambios bruscos que podemos experimentar. En ocasiones, juzgamos sin comprender la realidad del otro, nos acostumbramos a interpretar desde nuestro privilegio. Quizás, por eso, ignoramos que el curso de la vida es un curso que no está escrito, sino que es un curso orgánico, flexible y sorpresivo.


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