Emociones contradictorias, pensamientos confusos y creencias hirientes: se generan al vivir experiencias que interpretamos como dolorosas, desde nuestro sentir visceral, desde las creencias que hemos venido reforzando a partir de las vivencias de nuestro pasado.
Entonces, como si fuera una especie de ritual aprendemos a defendernos de aquello que pueda asemejarse a las sensaciones, a las emociones o pensamientos que nos marcaron por causa de una experiencia dolorosa; así, fingimos estar bien, colocándonos máscaras que oculten nuestra vulnerabilidad.
Nos habituamos a esconder nuestro ser sensible y vulnerable. Nos habituamos a callar: para no molestar, para no incomodar, para no sentirnos inseguros ante los demás. Dependiendo de nuestra experiencia dolorosa: nos habituamos a la culpa, al remordimiento o a la ira, es decir, nos habituamos a vivir en las sensaciones no tan agradables que nos generó porque en ocasiones, o no somos conscientes de la profundidad de la herida o nos resulta más sencillo lidiar con el dolor conocido.
Miyo –una chica de secundaria– no comprende el egoísmo humano, se siente traicionada y con ira por la repentina aparición de su mamá, por tener que adaptarse a su nueva situación familiar con la pareja actual de su papá, además de las voces entrometidas que están listas para juzgar. Por lo tanto, Miyo no se siente cómoda con su situación, no se siente bien, al punto de odiar todo, pero cuando puede transformarse en una gata gracias a un peculiar vendedor de máscaras, su vida cambia.
En ocasiones, cuando no soportamos nuestros pensamientos y emociones; cuando no queremos encarar nuestro propio sufrimiento: decidimos evadir aquello que nos causa malestar. Así, Miyo decide alternar su vida humana con su vida felina, quizás, la Miyo adolescente, extrovertida y un tanto ruidosa intenta ignorar su sentir a través de una máscara. En su forma de gata se acerca a su compañero de clase Hinode y descubre que no es el único ser con vulnerabilidades y sentires viscerales; pasa con Anna cuando conoce a Marnie, cuando la soledad desaparece.

Por su parte, Hinode es tímido y no es capaz de encarar a su mamá para expresar lo que desea, para expresar que no es su deber cumplir con sus expectativas; no es capaz de decirle a Miyo que no se siente cómodo con su manera atrevida y directa de ser; no es capaz de manifestar su sentir inconforme y decidido. Entonces, silencia su verdadero sentir a través de una máscara obediente y dócil, a diferencia de Miyo no evade su realidad, sino que parece resignarse a ella.
Sin embargo, creemos que lo mejor es ignorar y distraer nuestro ser sintiente hasta que el malestar desaparezca, pero nuestro ser complejo y visceral no es tan fácil de engañar, porque nuestras emociones y creencias propias no se generan de un día para otro, por lo tanto, cuando Miyo descubre que no quiere seguir siendo un felino y Hinode comprende que debe ser sincero con sus sentimientos: sus verdaderas emociones afloran y son conscientes de su propia vulnerabilidad. Por ende, se despojan de las máscaras, de esas máscaras que generan malestar en quien las luce más no en quien las admira.

Junichi Sato, Tomotaka Shibayama y Mari Okada nos revelan que nuestro ser sintiente puede portar infinidad de máscaras, máscaras que solo nosotros podemos conocer; sin embargo, ello no es garantía para ignorar o suprimir las emociones que nos generan malestar e incomodidad porque tarde o temprano nuestro sentir aflora. Reconocer nuestra vulnerabilidad, nuestra sensibilidad quizás sea el comienzo de explorar nuestra naturaleza humana.


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