No queda otra salida más que creer cuando no hay otro modo de resolver el misterio. Hay veces, la ciencia no tiene la respuesta. El misterio se manifiesta quizás, por capricho o enigma, pero lo cierto es que se manifiesta ante nuestros ojos y no lo podemos ignorar. No obstante, cuando elegimos creer corremos el riesgo de adentrarnos en experiencias poco comunes, en experiencias que nos harán dudar de nuestro saber y del conocimiento compartido.
Para descifrar el misterio intentamos ser racionales, intentamos armar el rompecabezas a través de rigurosas pruebas que sean válidas según nuestra experiencia, por tanto, dudamos de cualquier prueba que no sea aceptada desde el conocimiento compartido y veraz, pero qué sucede cuando el misterio no es compatible ni con el conocimiento compartido ni con nuestra experiencia; qué pasa cuando el misterio puede ser comprendido desde creencias míticas, creencias que traspasan la evidencia; por ejemplo, la curiosidad del pequeño Aoyama lo lleva a confrontar la evidencia y el conocimiento.
Desde tiempos memorables, diversas culturas han intentado resolver los misterios –aquellos interrogantes que son difíciles de comprender o explicar–, desde creencias míticas, creencias dadas a través de la experiencia humana y exploradas desde la intuición. Pero, a medida que progresa la sociedad, a medida que la razón empieza a refinarse mediante disciplinas comprobables y medibles: dichas creencias pierden credibilidad y popularidad; sin embargo, son creencias que han sobrevivido al paso del tiempo, han sobrevivido a la lógica porque pueden comportarse como recursos para mostrar la naturaleza del misterio, además pesan como acuerdos sociales, acuerdos silenciosos.
Hodaka –un chico de 16 años– huye de casa; ahora, Tokio es su hogar, un hogar frenético y solitario, pero al trabajar para Suga en su pequeña editorial: un mundo extraño y sobrenatural lo acoge. Al inicio, Hodoka es incrédulo sobre la chica sol, pero al conocer a Hina y ser testigo de su habilidad, cambia de opinión: sus plegarias pueden despejar la lluvia para que el sol por unos instantes aparezca en una porción del cielo entonces, surge un negocio para alegrar los momentos íntimos que la lluvia despiadada estropea; así, comienza una historia ingenua e insólita.

Hay veces, atraídos por el encanto del misterio olvidamos su naturaleza oculta. Solo nos interesa sacar provecho al máximo de ese encanto que cautiva a cualquiera, no importa nada más, pero qué pasa cuando ese encanto para seguir mostrándose necesita de un sacrificio y no de un sacrificio cualquiera, sino de un ser y no de cualquier ser sino de un ser conocido: sucede que el encanto del misterio se pierde y el horror aparece al captar su naturaleza desalmada.
Hina observa que algunas partes de su cuerpo están desapareciendo; descubre que de acuerdo con el mito antiguo: es la Doncella del Clima, es decir, es el sacrificio para que la lluvia cese y el tiempo vuelva a su curso natural. Hodaka se siente impotente: nadie sabe la carga que tiene Hina, nadie sabe que debe sacrificarse para que los días soleados vuelvan, todos están en los asuntos que les competen, pero si supieran qué solo deben sacrificar a un ser para volver a ver la inmensidad del cielo ¿serían capaces de hacerlo?

Makoto Shinkai nos revela que las creencias humanas pueden jugar a favor o en contra de acuerdo con la naturaleza del misterio, ese misterio que parece inofensivo, pero que traspasa las leyes del entendimiento. Las creencias humanas se tejen con el fin de interpretar y saber afrontar los misterios, pero desde una cuestión intuitiva y compartida, de prueba y error sin comprobación científica; las creencias humanas pueden convertirse en respuesta cuando el misterio reacciona ante ellas.
Hodoka decide salvar a Hina del sacrificio, aunque ello implique que Japón se hunda tras la incesante lluvia. ¿Por qué Hina debe sacrificarse, quizás, por su deseo egoísta –pero bien intencionado– o por qué el cielo la escogió por capricho? Hay veces, las creencias humanas se traducen como un deber ser silencioso, un deber ser donde el sentir propio se ignora. Sin embargo, Hina y Hodoka sienten culpa tras su elección: comparten junto con otros el secreto que puede resolver el misterio, pero callan porque implica sacrificar el amor, sacrificar una vida que merece ser vivida.

Quizás, adentrarnos en el misterio, adentrarnos en los posibles caminos para resolverlo es adentrarnos en ese enigma que desafía la creencia y saber humano, desafía nuestra complejidad sintiente a la hora de afrontar, quizás, si solo dejamos que siga su curso sin interrumpirlo, sin descifrarlo su propia naturaleza lo extinga.


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