Decidimos resolver el misterio. No todos los días aparecen, no todos los días la intriga toca a la puerta y nos jala a encontrar las pistas para solucionarlo. La intuición nos guía, estamos dispuestos a arriesgar, a adentrarnos en lo desconocido; una emoción intensa nos acompaña, es un algo que no está dentro de nuestro radar, es un algo que nos inquieta, pero a la vez nos emociona, quizás descubramos algo extraordinario, genuino.
Sin embargo, los misterios no son comunes, dependen de nuestra subjetividad, están vinculados con nuestras creencias y saberes. Los misterios son aquellos interrogantes que son difíciles de comprender o explicar; por ejemplo, encontrar la respuesta a la existencia humana; un interrogante que se ha convertido en un dilema científico, filosófico. Aunque, los misterios también pueden generarse desde la ciencia ficción o en la búsqueda del presunto asesino. Es decir, entendemos el misterio como un algo que existe, un algo que alimenta nuestra curiosidad y nos empuja a buscar lo que esconde.
Los misterios son contemplados como interrogantes que no todos pueden resolver, los tomamos con tal seriedad, que pensamos que sólo son dignos para el conocedor astuto; no obstante, los misterios pueden ser descubiertos también por los niños; pueden aparecer como un camino de exploración y curiosidad en su experiencia, quizás los niños todos los días se tropiezan con un nuevo misterio, a diferencia de nosotros los adultos, los niños aún están aprendiendo sobre las creencias y los saberes cotidianos.
Aoyama un niño de cuarto grado es observador, le gusta aprender y a través de la ciencia explora todo aquello que le atrae. El misterio de los pingüinos se convierte en un fenómeno fascinante para investigar. Entonces, comienza una observación y búsqueda a través de notas, libros y salidas de campo junto con su amigo Uchida. Pero, en un día soleado y a punto de despedir a su diente de leche: descubre junto con la señorita el origen un tanto peculiar de estos seres del hemisferio sur.

Los últimos sucesos que ocurren están conectados a la señorita; Aoyama se siente inquieto, no puede poner en peligro a la amable señorita, porque sabe que la ciencia puede tomarla como un objeto de experimentación, además el enigma del “Umi” –la gran esfera de agua– es más poderoso de lo que pensaba, por tanto, es consciente que sus conocimientos no bastan y considera que quizás, los adultos si puedan solucionar los acontecimientos extraños del pueblo. En cambio, su compañera Hamamoto se resiste a ceder el misterio del “Umi” a los adultos, quiere descubrirlo por ella misma, no quiere rendirse; además desconfía de la señorita, pero los adultos toman el control.

Los misterios pueden parecer un simple juego de niños, pueden parecer incluso una pérdida de tiempo: pero, los misterios son exploraciones que permiten comprender e indagar sobre los fenómenos que en apariencia son inofensivos, pero alteran la creencia, el saber humano. Vivimos entre misterios, por tanto, creer en el misterio implica estar dispuestos a tejer posibilidades, a despojarnos del control y la lógica. Quizás, entre más calculamos la solución más incierta nos resulta.
Así, parece que Aoyama encuentra el eureka y Hamamoto no; aunque, lo evidente no es garantía del misterio, porque en la exploración y en la búsqueda de la respuesta: afloran otro tipo de misterios, misterios que no son evidentes y estáticos, misterios conectados a las complejidades sintientes que empujan a Aoyama y Hamamoto a ser viscerales y reflexivos en los desenlaces de sus elecciones, al igual que sucede con Shizuku al descubrir su piedra preciosa.

Los misterios no son ajenos de nuestra naturaleza sintiente, los misterios también pueden ser: los vínculos, los comportamientos y las emociones que aparecen y no tienen explicación. Lo interesante, es que no pasa como en la ciencia, cuando el misterio se resuelve ya no es misterio, sino que, en el caso de nuestra naturaleza sintiente y complejidad humana: el misterio sigue siendo misterio porque hay veces, el lenguaje no puede capturar con detalles las sensaciones, sensibilidades que no pueden etiquetarse o categorizarse.
Hiroyasu Ishida y Makoto Ueda en esta adaptación fílmica nos invitan a observar los misterios no sólo desde la curiosidad sino también desde nuestra complejidad sintiente: nacen en las experiencias donde afloran vínculos, sentires incomprensibles. Los misterios se esconden para ser hallados en los momentos cotidianos, en los momentos sutiles, en los encuentros oportunos quizás, los misterios son golpes de suerte por ser descubiertos.


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