Un día sin pensarlo, sin buscarlo: descubres que te has equivocado; en realidad, quienes compartan la misma creencia que tú se han equivocado, porque te has enfrentado con pruebas innegables que ponen en jaque a la creencia, porque la experiencia te demuestra que la creencia se ha generado desde los supuestos y la distorsión mental; por tanto, no sabes qué hacer, la duda te asalta; nunca pensaste que llegaría el momento de sospechar acerca de las creencias compartidas, nunca pensaste que llegaría el momento de ser cauteloso.
De pronto, algo en ti cambia. Quieres, mostrarle al otro lo que has descubierto, quieres que el otro comprenda sobre la creencia errónea que comparten entonces, quieres exigirle que se cuestione y entienda la equivocación; lo haces de manera impulsiva, pero te das cuenta que es difícil, que las pruebas no son suficientes porque la creencia se ha mantenido durante generaciones, se ha mantenido como verdad. La perspectiva budista nos invita a observar nuestra experiencia sin abanderarnos de manera emocional de nuestras percepciones mentales, porque podemos sorprendernos de nuestra contradicción.
Cuando descubres que una creencia compartida se ha convertido en una distorsión generalizada: te decepcionas, porque pensabas que no había posibilidad para el error, pero resulta que la naturaleza humana es una naturaleza de prueba y error entonces, tu lado visceral aparece: quieres denunciar o en su lugar, sientes angustia de no poder cambiar la opinión del otro, aunque en algún momento te hayas encontrado en las mismas circunstancias.
Sin embargo, desde tus creencias propias, desde tu interpretación permeada por la experiencia y el sentir: estás imponiendo tu juicio; de esta manera, ignoras el por qué ese otro ha elegido creer de esa manera, por qué ha elegido actuar de modo visceral. Además, en el fondo sabes que las palabras no bastan, sino que los demás deben encarar la creencia compartida, sin ningún tipo de prejuicio, con la experiencia que causa malestar colectivo.
Nuestra complejidad y diversidad sintiente puede ser comprendida a través de un lenguaje común, pero la experiencia y la interpretación dependen de cada ser. Cuando las creencias compartidas aparecen, aparecen como un acuerdo de ideas y discursos que generan vínculos con los demás. No obstante, pueden ser o no ser comunes a todos; son flexibles en la medida que puedan ser modificadas. Además, pueden pasar desapercibidas porque son como pactos silenciosos que se adquieren mediante una perspectiva cultural y social.
Así, en el pueblo pesquero de Hinashi se cree que las sirenas son seres siniestros que sólo actúan en la oscuridad. El abuelo de Kai, tuvo una experiencia traumática: cuando era niño vio con sus propios ojos como una sirena se comió a su madre, por tanto, le prohíbe a su nieto que se acerque al mar. Sin embargo, Kai atraído por la melodiosa voz de Lu–una sirena– se arriesga a conocerla a través de la música. Descubre que la creencia compartida sobre ellas no es cierta, sino que está permeada desde la perspectiva. Por tanto, decide explorar el mundo sonoro y fantástico que le han prohibido.

El abuelo de Kai tiene una razón de peso para aferrarse a la creencia compartida, no podemos señalarlo y juzgarlo porque ignoraríamos su experiencia y sentir, además, el riesgo que toma Kai lo lleva a encontrarse con un mundo marino que desconoce la complejidad del sentir humano, aquí la creencia compartida pierde peso porque al interactuar con Lu y conocerla desde su ser sintiente, entiende que el pueblo pesquero de Hinashi se ha dejado llevar por supuestos más no por pruebas veraces.
No obstante, el pueblo pesquero de Hinashi tiene la oportunidad de conocer a Lu mediante su melodiosa voz, pero, todavía se resisten a cambiar la creencia compartida. Por ende, cuando el pueblo está a punto de desaparecer por la maldición de la piedra: Lu, su padre y demás seres marinos auxilian a los humanos. La música se convierte en el puente comunicativo para cambiar la creencia compartida que los ha hecho actuar de manera egoísta.

Parece, absurdo que de un momento a otro cambien de opinión, pero los habitantes del pueblo encararon la creencia compartida con la experiencia y su propio sentir: descubriendo que no se habían atrevido a comprobar la veracidad de la creencia, a dudar del pasado. Acto que difiere de los actos que nacen de la inconformidad, que nacen por la necesidad de mostrar las creencias que generan malestar y estigmatizan, donde el riesgo de cambiar la creencia es un proceso que depende de relaciones de poder complejos.
Masaaki Yuasa y Reiko Yoshida nos revelan en una historia con toques fantásticos, íntimos y musicales: la influencia que tienen las creencias compartidas en nuestra manera de interpretar y comprender la realidad; hay veces, creemos estar en lo correcto, pero puede suceder que la propia experiencia nos demuestre que estamos equivocados, por tanto, nos invitan a recordar que nuestra naturaleza humana es una naturaleza de prueba y error: una naturaleza resiliente.


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