Verbalizar nuestros sentires implica materializar a través de las palabras: los pensamientos y creencias que generamos a partir de nuestras vivencias, por tanto, entramos en conflicto con nosotros mismos de si vale o no la pena expresarlos; intentamos imaginar las posibles consecuencias que se puedan desencadenar; tememos a arriesgar y fallar, sobre todo porque los puentes comunicativos que hemos tejido con otros: son cambiantes, frágiles y sintientes.
No estamos acostumbrados a ser sinceros con el otro, más bien, estamos acostumbrados a ocultar nuestros sentires como si no fueran importantes: no queremos incomodar, molestar entonces, decidimos no expresarlos; sin embargo, los momentos que parecen oportunos, los momentos donde nos sentimos libres de ser juzgados o cuestionados es allí cuando verbalizamos aquello que necesitamos decir.
Por ejemplo, cuando el alcohol está presente se vuelve un recurso para olvidar o aliviar las tormentas sintientes, esas tormentas que ocasionan estragos en nuestro ser por un gesto, una actitud o una experiencia, además aparece nuestro lado sincero, sin filtros. Aunque, ello no significa que el alcohol sea un buen cómplice, un cómplice que nos ayude a aliviar o a sanar dichas tormentas.
Así, una chica de cabello negro nos adentra en el supuesto juego del destino, en una noche surrealista y casi onírica donde conoce a diversos seres pintorescos en celebraciones distintas, por supuesto: el alcohol se convierte en el medio para quitarse la máscara y olvidar el compás del reloj. Aquí, en esta noche brillante y bulliciosa el alcohol los une por la casualidad, esa casualidad que se convierte en momentos absurdos, pero a la vez decisivos.

En ocasiones, la confianza en nosotros mismos juega un papel importante en cómo interpretamos y elegimos vivir nuestras experiencias. La confianza no es algo que aparece y desaparece cuando le conviene; la confianza germina a través de nuestras vivencias, es decir, en las creencias y pensamientos que generamos sobre nosotros mismos, creencias que motivan a arriesgarnos a vivir y a expresar sin sentirnos incómodos o inferiores. No obstante, al convivir con el otro, al entrar en el juego del reconocimiento, las creencias compartidas influyen en la imagen que tenemos de nosotros.
Entonces, el alcohol cuando está presente: altera nuestro ánimo, nuestros sentidos y de pronto, aparece el hada de la confianza, el hada que nos hace sentir seguros y alegres, el hada que se esfuma cuando la resaca aparece. Quizás, el alcohol sea un recurso para llegar al otro, para dejarnos ser sin pensar en el deber ser, en la lógica compartida, pero no podemos utilizarlo para evadirnos.
Masaaki Yuasa y Makoto Ueda en esta adaptación fílmica nos retratan una historia que va más allá de lo evidente, de lo disparatado: el hada de la confianza no sólo aparece en las noches brillantes, en la desesperación o quizás, en la obsesión sino qué está en nosotros, sólo que nosotros debemos ser capaces de reconocer y estar seguros de elegir aunque, no sepamos lo que sucederá después, aunque sea fugaz el momento.
La complejidad de ser y reconocerse es un proceso de interpretaciones, creencias y normas tanto individuales como colectivas. Ser es una exploración constante, no hay respuesta correcta sólo hay que animarse a vivir, por tanto, la chica de cabello negro nos muestra en esa noche surrealista y casi onírica: vivir el presente sin preocuparse por nada más, está dispuesta ayudar al otro, se siente confiada de lo que quiere, pero es la excepción a la regla en esa noche brillante, porque el alcohol es un disfrute, un goce más no un recurso de olvido.

En cambio, Senpai nos muestra la tormenta sintiente del miedo intenso, del miedo al rechazo; no está dispuesto al azar, no está dispuesto a sentir simpatía por el otro, necesita crear las señales para ser el destino en la vida de la chica de cabello negro. Senpai no tiene la suficiente confianza de confesar sus sentimientos por causa al posible rechazo, no quiere que su expectativa muera, pero decide crear señales, que lo llevan a vivir una noche que no espera, que no quiere, no se deja llevar por el momento: se resiste a vivirlo, pero la noche trae sorpresas que lo llevan a atreverse.
Masaaki Yuasa y Makoto Ueda nos muestran en esta adaptación fílmica una historia de dos seres que toman las circunstancias de la noche como destino o fatalidad, donde a través de momentos casi oníricos nos revelan la libertad del sentir humano sin máscaras ni tiempo, donde parece que todo está permitido: combinar fantasía y realidad para que el hilo del supuesto destino cumpla su trabajo. Quizás, sin el hada de la confianza no podríamos arriesgarnos a intentarlo.


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