Volver a creer: volver a vivir

Hay veces, pienso que sólo es un sueño, un sueño que parece demasiado real, pero el vacío en mi pecho no miente. Intento adaptarme y comprender el caos que estoy viviendo, ese caos que parece burlarse de mí y de todos. Aún, no me acostumbro a esta nueva vida, a esta nueva vida que parece que ha llegado para quedarse.

Sobrevivir, es la palabra exacta para describir lo que sucede. Sí, sobrevivir a las circunstancias difíciles de la vida, por tanto, hago lo posible por mantenerme en pie, para que los cambios bruscos que vienen de frente y sin piedad no apaguen mi fe, pero es complicado; ya la guerra nos ha forzado a adaptarnos a las raciones de comida, a los ataques aéreos, a las muertes prematuras y silenciosas.

Aunque, la guerra agota nuestras fuerzas y parece llevarse en cada ataque nuestras ilusiones: luchamos por sobrevivir, sí, sobrevivir al caos que no entendemos, a la violencia que parece ser la única salida. Las experiencias nos marcan, las experiencias desgarradoras y trágicas parecen que no acaban. Aunque, gritemos fuerte; lloremos hasta sentir el ardor en los ojos; intentemos correr sin dejar rastro: la realidad nos golpea con fuerza, la realidad nos hala a vivirla.

Vivir una guerra, sentir una guerra y no poder hacer duelo a la muerte: son acciones que parecen sacadas de la imaginación humana; no obstante, las guerras se gestan en las fronteras humanas, en los intereses humanos: aquí, la imaginación se alimenta de la codicia humana. Una guerra sin importar donde se geste, sin importar donde suceda deja secuelas a los sobrevivientes de ella, deja secuelas en la memoria colectiva para no repetirse, para transformar el camino.

Sunao Katabuchi nos muestra a través de una adaptación fílmica: el día a día de Suzu una joven que se casa de acuerdo con las costumbres de una sociedad conservadora; nos revela a través de una experiencia dolorosa las cicatrices de la guerra, esa guerra que no se puede sólo borrar o negar, sino que ante los cambios bruscos que vienen de frente y sin piedad se deben afrontar de pie y con la frente en alto para no rendirse ante la adversidad y creer en la humanidad como sucede con Junpei y Kanta

Suzu una joven de 18 años vive en la ciudad de Kure junto con su esposo Shusaku y la familia de él; su día a día transcurre con las restricciones de una guerra latente; con las sirenas que se disparan anticipando un posible ataque; el ruido de las balas y los aviones de combate, pero no es impedimento para reír, compartir, aprender, sentir la calidez de un hogar y la empatía con quien también es víctima de la violencia.

No obstante, en un momento de aparente calma: Suzu vive en carne propia como la explosión de una bomba le arrebata de su mano a la pequeña Harumi. Un momento desgarrador que nos muestra la vulnerabilidad humana, la vulnerabilidad de sentirnos impotentes y culpables por situaciones que sobrepasan nuestra lógica y sentir.

©2016 MAPPA

Ante la adversidad, ante los cambios bruscos que vienen de frente y sin piedad parece que no hay salida, parece que son permanentes; sin embargo, la perspectiva budista manifiesta que la vida es un fluir constante, un fluir que significa dinamismo y no quietud. Pero, entenderlo y asimilarlo es un proceso. Suzu tuvo que vivir la pérdida de un ser querido que recién empezaba a vivir, un ser cuya inocencia no alcanzaba a comprender la complejidad de la codicia humana.

Sunao Katabuchi nos retrata el dolor de Suzu a través de su comportamiento vulnerable y desolado: vive una guerra, pero el dolor que siente sobrepasa su estado de alerta y defensa; no quiere seguir viviendo, no puede cargar con una muerte que parece ser su culpa. Sin embargo, Suzu a través de un proceso de aceptación y resiliencia comienza a recobrar de a poco el vínculo con la vida. Cuántas veces creemos ser los culpables de aquello que no pudimos detener y generó dolor; cuántas veces creemos que sólo merecemos ser castigados por creer ser los causantes del sufrimiento del otro.

©2016 MAPPA

En el proceso de sanación y aceptación de nuestras experiencias dolorosas: somos capaces de reconocer nuestra vulnerabilidad humana, nuestra naturaleza mortal y pasajera; claro, duele reconocer que somos de carne y hueso; duele saber que no estamos libres de vivir experiencias desgarradoras que parecen que solo habitan en la historia, el arte, el cine y la literatura; duele comprender que el flujo de la vida es incierta, pero no calculadora.

Aunque, todo parezca ir en contra de nosotros, en contra de la compasión humana en los momentos difíciles: somos el milagro de la vida, somos la continuación de una historia que, aunque este marcada por la contradicción y la codicia, allí también nace la vida y la fe por encontrar la paz. La vida, como nos revela Suzu es un arte pintado desde el corazón.  




Respuestas

  1. Great post 💖💓💚

    Since you have a good evening 🌈🌞

    A cordial greeting 👋  🇪🇸

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  2. ¡Hola! Parece un relato duro a pesar de que el arte es muy reconfortante, me lo apunto para cuando este de animo para ver algo así. ¡Saludos!

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    1. Hola, Noctua. Es una historia con matices hermosos, parece en algunos momentos que la guerra no se siente, pero esos matices nos revelan los giros inesperados y dolorosos que viven en ese rincón del mundo. Concuerdo contigo toca prepararse para sentir y vivir esta historia. 😊

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