Alguna vez, nos hemos sentido incomprendidos, débiles y solos. Es difícil expresar con palabras las sensaciones que por dentro se manifiestan cuando nos sentimos desprotegidos de la vida. Entonces, sin darnos cuenta se comienza a gestar un vacío en nuestro ser, un vacío que desconoce de la amabilidad y de la comprensión, por tanto, decidimos ser fuertes ante la adversidad sin la ayuda del otro, decidimos vivir en soledad para alejarnos de la vulnerabilidad humana.
Creemos que somos invencibles porque decidimos vivir en soledad y hacernos fuertes por nosotros mismos; sin embargo, los vínculos afectivos que puedan nacer en nuestro camino son puentes que nos permiten explorar nuestra naturaleza humana, pero no lo vemos de esa manera, vemos que el otro sólo nos puede causar daño, sólo quiere encontrar nuestro talón de Aquiles y debemos estar preparados en cualquier momento para contraatacar.
Los vínculos afectivos son vulnerables, resilientes y compasivos; los vínculos afectivos no se pueden forzar, no se pueden manipular, porque es un puente, un acuerdo que se alimenta desde las vivencias, experiencias y sentires entre seres. Además, los vínculos afectivos no suceden de la noche a la mañana, no suceden como tipo cupido, en cuanto al amor se refiere; sino que los vínculos afectivos son un continuo aprendizaje donde estamos dispuestos no a sacrificar sino a entender y amar al otro sin condiciones ni prejuicios.
Así, Kumatetsu –una bestia– y Ren –un niño humano– se conocen: como maestro y discípulo. Kumatetsu nombra a Ren como Kyuta comenzando un entrenamiento desde la resiliencia y la aceptación. Ambos buscan hacerse fuertes para aliviar el vacío en su ser, para demostrar que el camino en soledad es el camino correcto. No obstante, a medida que empiezan a conocerse, a medida que Kyuta crece: un vínculo afectivo aflora, un vínculo de complicidad y apoyo, una relación de padre e hijo.

Quizás, ha habido momentos donde las circunstancias nos han demostrado que lo que pensamos que debía ser de cierta manera no lo era; desde la perspectiva psicológica se llaman distorsiones cognitivas (discurso desarrollado por Aarón Beck, psiquiatra estadounidense) a aquellos pensamientos donde interpretamos las vivencias desde nuestras creencias y experiencias de una manera exagerada o errada: convenciéndonos a nosotros mismos que nuestra interpretación es la correcta y que la de los demás no es válida o viceversa; surgen con menor o mayor intensidad y hacen parte de nuestra percepción sintiente.
Por ejemplo, Kumatetsu no está interesado en el otro; quedó huérfano desde muy pequeño y nunca tuvo a alguien a quien llamar maestro. Aprendió todo por sí mismo y entendió que no es indispensable el otro, en la medida en que pueda ser capaz de sobrevivir y defenderse por sí mismo, además su ser tosco e impertinente incomoda a ese otro, a ese otro que no está dispuesto a entenderlo. Por tanto, la distorsión cognitiva de Kumatetsu se origina desde su infancia por la ausencia de la calidez, el amor y la comprensión.
Hay veces, nuestras distorsiones cognitivas se convierten en creencias irrefutables, en creencias que nos alientan a comportarnos de cierta manera, aquí es importante aclarar que las distorsiones cognitivas son temporales, en casos puntuales donde los malestares emocionales son continuos en el tiempo dichas distorsiones se convierten en limitantes considerables. Por tanto, es relevante comprender sí en determinadas situaciones o experiencias nuestros pensamientos nos envuelven en un bucle de angustia o de frustración que nos impiden ver con claridad.
Sin embargo, Kumatetsu es capaz de cambiar la distorsión cognitiva que lo domina al conocer a Kyuta: al comprender que el apoyo y la compañía es un puente de aceptación y de reconocimiento. Es decir, en la medida en que entendemos que una distorsión cognitiva genera malentendidos y malestar, seremos capaces de transformarla desde la aceptación y la sinceridad.
Por otro lado, Kyuta vuelve a alimentar su vacío cuando no se siente ni del mundo de las bestias ni del mundo humano (distorsión cognitiva causada por la incomprensión), pero entiende que es su elección cómo continuar interpretando la realidad que vive: o bien, puede sumirse en la completa oscuridad o bien, reconocer que puede cambiar de rumbo porque la vida también se trata de cerrar ciclos.

Mamoru Hosoda nos revela que nuestra vulnerabilidad humana es compartida, quizás nuestro viaje sea en solitario, pero todos somos seres sintientes. Cuando un vacío incómodo se gesta en nuestro ser: es en los momentos donde no somos capaces de verbalizar y reconocer nuestra naturaleza sintiente, por tanto, podemos generar distorsiones cognitivas que ocasionan malestar; además, nos muestra que podemos elegir la manera de afrontar nuestro sentir: seguir alimentado una creencia equivocada o cerrar los ciclos para comenzar a vivir sin resentimiento o culpa.


Replica a Alejandra Chaparro Cancelar la respuesta