El milagro de creer

Todavía, es incomprensible la crueldad humana, esa crueldad que no entiende de humanidad, de compasión y empatía. Todavía, es disparatado escuchar y ver en las noticias los eventos desalmados y perversos que, a través de conspiraciones e ideologías atentan contra el otro. Hay veces, me pregunto si son necesarias las guerras, me pregunto sí la necesidad de fronteras son útiles para reconocernos como seres humanos.

Nuestra historia está permeada por guerras que han gestado en el tiempo: sufrimiento, odio, venganza y rencor; han conquistado territorios que han sido divididos y limitados por fronteras generando: conflictos internos, desplazamientos forzados e identidades perdidas. Nuestra historia es una historia compartida que se muestra y se enseña a través de héroes y de villanos –presentando solo al vencedor– y de manera sutil nos revelan los sacrificios humanos.

Sin embargo, en esa historia cruel, en esa historia que fue dictada por la avaricia y el poder: existieron seres como nosotros, es decir, seres con una vida cotidiana, con tristezas y alegrías; seres que son contados como un número más, pero fueron seres que intentaron hacer frente a su infortunio, porque no había otra opción, porque como algunos dirían, era la vida que les tocaba vivir. No me imagino que, de golpe, tenga que hacer frente a una guerra, tenga que vivir en carne propia la crueldad y la injusticia, por cuestiones de relaciones de poder.

Quienes no hemos vivido una guerra, no podemos afirmar lo que se siente y mucho menos como se vive, pero a través del arte, la literatura y el cine nos podemos adentrar desde una perspectiva íntima y dolorosa a esos eventos que no se borran, aunque hayan pasado muchos años. Así, el pequeño Junpei junto con su hermano Kanta nos muestran entre la imaginación y la realidad cómo la invasión soviética ha cambiado su día a día; cómo el miedo y la desconfianza se apoderan de cada habitante de la isla y cómo la crueldad e injusticia gobiernan.

©2014 Production I.G

Parece, que para Junpei, Kanta, su familia y los habitantes de la isla no hay salvación, porque están bajo el mando de extranjeros desalmados, parece que quizás, sólo un milagro pueda salvarlos de un destino injusto. No obstante, pensamos que los milagros son insólitos y poco comunes, pero resulta que los milagros ocurren a cada momento: el milagro de estar vivo, de sentir y de vivir; el milagro de amar y ser amado; el milagro de percibir la naturaleza viva y el milagro de mantener la fe ante la adversidad.

Así, nace la amistad fugaz entre Junpei, Kanta y Tanya –la niña rusa–: como el milagro de apoyarse y consolarse, sin importar quién es el bueno o el malo, sin importar el idioma, sin importar la guerra. Aunque, exista la crueldad, aunque exista la injusticia se nos olvida que también existe la bondad, la solidaridad; hay veces, nos encerramos tanto en nuestro dolor, en nuestra distorsión mental que se nos olvida que aún podemos confiar en los demás.

©2014 Production I.G

Por ejemplo, al inicio los niños rusos y japoneses por la cultura, por el idioma, por la creencia del bueno y el malo no interactúan, pero a causa de la música: son capaces de conectarse, son capaces de reconocerse y darse cuenta que son niños, niños que tienen las mismas necesidades y anhelos; es el milagro del arte, es el milagro de aceptar que aún, en las diferencias y dificultades somos humanos, por tanto, compartimos las mismas condiciones.

Cada uno de nosotros es una historia viva, la cual no solo está marcada por los sucesos externos a nosotros o por los eventos que vivimos sino, está marcada también por nuestra interpretación y sentir; lo vemos en Shinko quien nos revela que nuestra historia es única e irrepetible; lo vemos en Junpei y Kanta quienes deciden refugiarse en el tren galáctico, en el tren de Giovanni y Campanella para aliviar las heridas injustas de la guerra, y lo vemos en Tanya que se arriesga a confiar para no ser devorada por la soledad.  

©2014 Production I.G

Mizuho Nishikubo y Shigemichi Sugita nos muestran en una historia trágica y cruel: el milagro de vivir, el milagro de creer y el milagro de confiar. Quizás, el camino que vivamos este lleno de espinas, pero, sí somos capaces de mantener la fe viva, seremos capaces de sobrellevar la adversidad desde nuestro sentir y actuar. Además, la crueldad no puede arrebatarnos los milagros que solo nosotros somos capaces de entender.




Respuestas

  1. No sólo debemos ver lo que los medios de comunicación quieren que veamos «todo lo malo». Nuestro compromiso es: resaltar lo bueno de cada ser humano, afianzar la confianza hacia los demás y así hacer del mundo un mejor lugar para vivir.

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Hola! Me llamo la atención que en el post anterior comentaste que esta basada en hechos reales, por lo que dices aquí parece de esas historias que devuelven un poco de fe en la humanidad a pesar de ser dura (a diferencia de «La tumba de la luciérnagas» por ejemplo). Me sorprende que sea una película tan actual, me da la impresión que los japoneses han dejado de lado la temática bélica en los últimos años. ¡Saludos!

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola, Noctua. Es verdad, es una de esas películas que te invitan a creer aún cuando todo parece perdido. Parece, que lo han dejado de lado, pero hay otra película del año 2016 (hablaré más adelante de ella) que tuvo mucha acogida y se llama: ‘En este rincón del mundo’.

      Le gusta a 1 persona

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.