Alguna vez, creí que era egoísta con los demás sí pensaba en mí, sí era mi prioridad; ¡sí! egoísta porque desde la paradoja del deber ser, las prioridades son una cuestión compartida, una cuestión calculada por una competencia feroz de ser y no ser mediante las etiquetas impuestas y acordadas por nosotros mismos.
Es más fácil criticar y exponer al otro cuando está actuando mal, cuando sus sentires no son los correctos; resulta conveniente para que ese otro aprenda desde lo percibido lo que no debe hacer. Sin embargo, no podemos asegurar si ese otro percibe de la misma manera lo que no debe hacer. Nuestra naturaleza sintiente es diversa, compleja y cambiante, parte desde la cultura, el lenguaje y desde cada ser.
Así, hablar sobre egoísmo es hablarlo desde una perspectiva cultural y social, porque ser egoísta desde el acuerdo social: es perjudicar el bienestar del otro, es pasar por encima de su humanidad; sucede, por un amor obsesivo hacia nosotros mismos, un amor que desconoce del otro; sin embargo, ser egoísta se vuelve un dilema cuando los sentires entran en juego, cuando no podemos diferenciar entre la delgada línea del amor propio y del egocentrismo.
Por ejemplo, Miyuki y Gin en Tokyo Godfathers, cargan con el peso de sus elecciones, elecciones que los han empujado a huir de sus vidas debido a sus actos egoístas; no pueden seguir viviendo en el mismo lugar donde han causado sufrimiento, por tanto, deciden huir sin dejar rastro, no pueden aceptar que se han equivocado, no pueden aceptar que por su egoísmo han herido; sin embargo, no piensan en el otro; no consideran que quizás, el otro está dispuesto a perdonar.
En cambio, Makoto quien descubre que puede saltar en el tiempo, volviendo a eventos del pasado específicos; lo utiliza: salvándose de un día de mala suerte una y otra vez, además haciendo que la confesión de su amigo Chiaki desaparezca. Makoto decide eliminar todo suceso que pueda incomodar, alterar o perjudicar su propio sentir; solo piensa en su propio beneficio, por tanto, parece que los demás no tienen cabida, no le interesa jugar con el futuro del otro.

Miyuki, Gin y Makoto nos revelan que su egoísmo coincide en protegerse; quizás del rechazo o de la burla; no están dispuestos a mostrar su vulnerabilidad, no están dispuestos a aceptar sus errores. La verdad, no sé cómo nos han enseñado a comprender nuestra propia naturaleza sintiente; siempre entramos en conflicto con nosotros mismos por la manera de interpretar nuestras vivencias y, por si fuera poco, nos sentimos avergonzados, porque de vez en cuando, nos acompañan sentires no tan gratos a los ojos de los demás, y me pregunto por qué.
Si repasamos la historia desde la perspectiva del sentir humano, desde la complejidad de nuestras sensibilidades; fue hasta hace poco que empezamos a entender la importancia de sentir. Aprendimos sobre las emociones: observando a otros; en las llamadas de atención de un profesor; en el disgusto de nuestros padres; en los momentos en soledad y en la televisión. Así, comenzamos a nombrar, a asociar, a diferenciar y a “controlar” esas emociones que afloraban en nosotros. Aún, anteponemos la lógica antes que el sentir; quizás, todavía tememos reconocer y expresar lo que sentimos.
Entonces, ¿cómo sabe Makoto que está siendo egoísta cada vez que hace un salto en el tiempo? quizás, comienza a comprender su actuar egoísta cuando observa que las consecuencias de sus elecciones, en esos saltos en el tiempo: generan malestar en los demás; cuando se da cuenta por ella misma que solo pensar en su beneficio cambia el futuro de modos que perjudican a las personas que más quiere, hasta el punto de llevarlas a un destino fatal.

Así, es como aprendemos acerca de nuestra naturaleza sintiente: viviéndola, nombrándola y gestionándola, por eso, es que existen los malentendidos, porque aprendimos de las emociones por observación, por una imposición de lo que se debe y no sentir; sin embargo, la única manera de comprenderlas es viviéndolas, la tía de Makoto habla con ella, le sugiere cosas, pero, Makoto no las entiende hasta que las vive, lo mismo sucede con Miyuki y Gin cuando deben enfrentar su pasado.

En esta adaptación fílmica, Mamoru Hosoda y Satoko Okudera nos revelan esos matices que son dominados por un actuar un tanto egoísta, inocente y torpe; nos muestran que cada decisión tiene su consecuencia, además, los efectos de nuestras elecciones hacen eco, un eco que agita los vínculos que tenemos con los demás. Por tanto, nos adentran a una cotidianidad que parece no estar permeada por la ciencia ficción sino, por las elecciones quizás, equivocadas.


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