Como dicen por ahí somos seres sociales por naturaleza, generamos vínculos afectivos con otros a través de la afinidad o la aceptación, aunque es parte de nuestro camino la soledad, también es parte de nuestro camino compartir experiencias y sentires con aquellos que se vuelven cómplices en nuestras decisiones.
Así, vemos como Taku y Yutaka no están de acuerdo con la cancelación del viaje escolar; no están en la misma clase de segundo año, pero su inconformidad los lleva a conocerse. Sin planearlo se vuelven cercanos y dicha cercanía no está emparentada con la afinidad sino más bien con la franqueza. Ahora, en su último año prometen seguir creando buenos recuerdos.

Apoyar y comprender a otra persona es algo que nos nace, no podemos obligarnos a nosotros mismos a sentir lo que no sentimos y esto no quiere decir, que seamos malas personas. Cada uno teje su camino, por ende, los vínculos que generamos con otros se darán en la medida que nosotros estemos dispuestos a compartir y atesorar: las experiencias, los sentimientos y los pensamientos que la otra persona nos brinde.
Por ejemplo, Rikako entra en escena en el segundo semestre de tercer año. Yutaka se siente atraído por ella; la ayuda en lo que necesita, pero ella es distante con él y sus compañeros. Sin embargo, Rikako quiere confiar y compartir, pero sus compañeros la etiquetaron como un ser egoísta debido a su comportamiento. Entonces, recaemos en la expectativa: de cómo quiero que actué ese otro sin comprenderlo.

En ocasiones, pensamos que los demás tienen las mismas vivencias que nosotros, pero no es así. No entendemos que cada ser está esforzándose por comprender y vivir su vida desde sus creencias y experiencias. Por tanto, Rikako está en duelo por el divorcio de sus padres y está resentida con su mamá, sus emociones afloran con indiferencia hacia los demás, aunque se contradiga. No obstante, conoce a Yumi una compañera amable y simpática que la ayuda a sanar.
Por otro lado, vemos a Taku defender a su amigo, cuando este le confiesa que Rikako rechaza su declaración de amor de manera cruel y despectiva. Taku le reclama a Rikako, ella le da una bofetada a Taku y él se la devuelve. Las cosas no salen como espera, pero primero está la fidelidad a un amigo que reconocer los propios sentimientos. Por tanto, defiende los sentimientos de Yutaka, porque es consciente de la vulnerabilidad de su amigo, pero no de la propia.

No es fácil aceptar lo que sentimos en plena adolescencia, entramos en discordia con nosotros mismos y los demás, pensamos que nadie nos entiende, pero la complejidad humana no es cuestión de un sólo terrenal sino es compartida por todos; además en la adolescencia somos más viscerales, porque aún estamos comprendiendo nuestras emociones y estamos aprendiendo a gestionarlas.
Así, los vínculos que generamos desde la afinidad o la aceptación quizás se den por el destino o la casualidad; sin embargo, no podríamos asegurar sí serán para siempre; sí nuestra naturaleza cambiante se adaptará a la naturaleza cambiante del otro, aunque más allá de la expectativa, lo cierto es que lo único real son las experiencias que estemos compartiendo en el momento.
Tomomi Mochizuki y Kaori Nakamura nos muestran en esta adaptación de la novela: el arte de confiar en el otro, pero también la complejidad de entender a ese otro y la decisión de anteponer nuestros deseos o creencias sin herir; además, de ser sinceros con nosotros mismos porque desde la sinceridad se generan puentes comunicativos estables.


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