Últimamente Taeko recuerda a su ser de 10 años. Está en la estación del tren y de pronto, Taeko niña aparece. El quinto grado es la culminación de la escuela primaria, es la despedida a la niñez. A Taeko niña le gusta aprender y salirse con la suya ya que es la hermana menor y la niña mimada de la casa.
Un día papá compra la anhelada piña, esa fruta traída desde las Américas; no obstante, a nadie de la familia le gusta, ni siquiera a Taeko, pero no quiere admitir que se equivocó al pedirla, prefiere mentir, aunque su rostro diga lo contrario. No está dispuesta a compartir la misma opinión que los mayores, aunque después reconozca que la reina de las frutas es la banana.

No podemos negar o fingir nuestro pasado, porque los pasos que dimos, los aprendizajes vividos nos permitieron ser lo que somos ahora. Pensamos que recordar implica una complejidad de emociones que son tormentosas, peores que las predicciones de los Simpsons. Además, no estamos preparados para aceptar los errores, las frustraciones, las heridas, pero tampoco queremos reconocer los triunfos y las alegrías compartidas.
Al recordar: las emociones olvidadas afloran, las emociones que alguna vez pensamos no volveríamos a sentir porque hacían parte del pasado; sucede que las emociones no desaparecieron sino se escondieron, cuando decidimos negarlas para continuar nuestro camino.
Entonces, esos momentos retrospectivos aparecen como una sucesión de imágenes mezcladas con sensibilidades que aún nos afectan. Evocar el pasado tejido por nuestras experiencias y aprendizajes es conectarnos con nosotros mismos, el pasado no es la bruja malvada de un cuento de Disney: es nuestra historia.
Taeko grande –una mujer japonesa de finales de los años 80– es la protagonista atemporal, quien encarna las inseguridades de la vida adulta sin importar el país o el género. En cambio, Taeko niña encarna las ansias de explorar, de devorar el mundo con seguridad y entusiasmo. Por ende, observamos como Isao Takahata nos muestra desde la realidad de Taeko cómo influye el modo en que percibimos y comprendemos nuestras experiencias. Lo que somos se genera a partir de nuestra naturaleza cambiante y dinámica.

Al contemplar los cuervos alejarse, Taeko niña otra vez aparece. Ser parte del elenco de la obra escolar es lo mejor. Todos están maravillados con su corta actuación; no obstante, papá no la deja seguir actuando, por temor a la fama. Taeko niña se frustra, pero Taeko grande vuelve a intentarlo en la universidad, aunque se da cuenta que no es lo suyo. Las expectativas que generemos seamos grandes o pequeños nos impulsan a explorar y encontrar nuestro rumbo, sin importar las veces que lo intentemos.

Isao Takahata nos revela que Taeko niña y Taeko grande no están separadas. Las experiencias que vive durante el quinto grado la marcan al punto de replantear sus creencias en la adultez. Pensamos que nuestro ser adulto debe realizar actos grandiosos que sean reconocidos por otros o que debemos encajar en las expectativas de la sociedad, pero Taeko niña nos invita a reencontrarnos para hallar el coraje necesario cuando dudamos de nuestro camino.


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