Kiki decide partir cuando escucha en la radio de papá que hará buen clima en la noche. No quiere retrasar más su partida, es ahora o nunca. Alista su equipaje, mamá le ayuda a vestirse mientras le aconseja y luego, papá se despide con nostalgia al ver que su pequeña creció en un santiamén.
Se lleva la escoba de mamá y el radio de papá. El adiós no es como el melodrama televisivo de la tarde sino es un adiós con amor, un adiós donde papá y mamá comprenden que su hija sigue a su corazón sin dudar. La acompaña su fiel amigo Jiji.

Decidimos marcharnos para tejer nuestro camino, para responsabilizarnos de nuestras decisiones; elegimos continuarlo lejos de nuestros seres amados porque sentimos la necesidad de explorar las encrucijadas de la vida, de vivir en carne propia las victorias y las equivocaciones de nuestras elecciones. Sin embargo, cuando nos marchamos no significa olvidar o incluso negar nuestras raícessino, debemos ser capaces de proteger los vínculos afectivos que nos conectan con nuestra historia.
En ocasiones, pensamos que por el simple hecho de anhelar algo va a resultar como lo queremos, pero no es así; cuando imaginamos cómo van a suceder las cosas: corremos el riesgo de frustrarnos por las expectativas que generemos. Así,Kiki al llegar a Koriko se enfrenta con una realidad cruda y la expectativa hace su jugada: la bienvenida no es como la espera. Se frustra, pero su ánimo no puede decaer, cuando con voz firme decidió marcharse de casa, por tanto, elige esforzarse.

Creemos que sólo nuestros seres amados nos pueden ayudar en los momentos difíciles, pero qué pasa cuando miles de kilómetros nos separan de ellos; cuando la tecnología no es suficiente para sentir un abrazo cálido: pasa que cuando hay bondad y sinceridad en el corazón se tejen vínculos afectivos sin importar la edad, el parentesco o el género. Por ejemplo, Kiki conoce a Osono –una mujer embarazada–, y a su esposo quienes le echan una mano para adaptarse a la ciudad, ciudad que a veces la atormenta.

Kiki nos revela la vulnerabilidad humana, nos muestra que no podemos con todo nosotros solos; no tenemos por qué encerrarnos en nosotros mismos y hacernos los valientes cuando estamos aprendiendo a vivir según nuestras creencias, valores y experiencias. Es verdad, no queremos sentir que fallamos; que nos quedó literalmente grande el camino elegido; que la expectativa nos sedujo, por tanto, nos reprochamos.
No obstante, quien dijo que era fácil tejer por nosotros mismos un camino y adaptarnos de la noche a la mañana a lo novedoso para nuestro ser. Nos reprochamos y nos exigimos, ignorando todo el esfuerzo que hemos realizado, debemos comprender que la vida es un continuo aprendizaje donde fallamos y nos levantamos. Entonces, Úrsula acompaña y le da ánimo a Kiki para que se reencuentre con su espíritu de bruja; pasa con Totoro cuando ayuda a Mei y Satsuki.

En ocasiones, pensamos que estamos solos, pero no es así, nos lo muestra Hayao Miyazaki en esta adaptación; debemos ser capaces de tejer puentes comunicativos que nos permitan comprender y ser empáticos con las vivencias del otro. Además, de creer en nosotros mismos para seguir esforzándonos en nuestro camino. Por tanto, nos revela que la vida tiene colores, colores que están acompañados por sonrisas cálidas.


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