Lo diferente siempre se ha visto con malos ojos. Debe haber algo oscuro, algo tenebroso en aquello que no esté dentro de nuestra lógica social, cultural. Nuestra experiencia y nuestra manera de pensar está conectada con saberes heredados que se transforman y adaptan de acuerdo con las dinámicas del contexto, recordemos nada es estático, aunque lo parezca; sin embargo, las creencias que tenemos sobre algo pesan en nuestro modo de interactuar con el mundo.
Entonces, cuando no estamos de acuerdo con algo que no está en sintonía con nuestras creencias –no sólo las religiosas–: nos escandalizamos, nos ponemos a la defensiva, porque lo primero que se nos viene a la cabeza es que puede alterar la armonía con lo conocido. Por tanto, rechazamos aquello que nos genera incomodidad, molestia. Así, optamos por hacernos los de la vista gorda o del tipo “lo respeto, pero no lo comparto” alejándonos de aquello que también convive con nuestra realidad.
No obstante, puede suceder que en lugar de escandalizarnos nos pique el bicho de la curiosidad; nos sintamos con la necesidad de saber más acerca de lo diferente, de entender cómo interactúa con la sociedad y el por qué en ocasiones genera malestar en el otro. Nos cuesta en un inicio aceptar lo diferente porque transgrede las creencias, los acuerdos compartidos como sociedad y transgrede nuestras propias creencias.
Por ende, debemos tener coraje al conocer lo diferente porque hará cuestionarnos en más de una ocasión. Implica estar preparados para que lo conocido se enfrente con una nueva perspectiva, esto no quiere decir que debamos cambiar nuestras creencias sino, que aceptemos y soltemos el egoísmo porque como pasa con Shinko: lo diferente trae consigo una historia, una historia que no se adapta a nuestras experiencias y aprendizajes.
Es así, como Shō decide proteger a Arrietty del mundo humano; ella es una borrower –seres que toman cosas prestadas de los humanos–, pero son seres diminutos quienes para sobrevivir deben mantener oculta su identidad. Debemos estar dispuestos a comprender al otro cuando sus circunstancias son distintas a las nuestras. Cada uno hace lo posible por vivir su historia desde el respeto y la voluntad.

Arrietty tiene 13 años y junto a su familia piensa que quizás son los únicos borrowers que viven. El gigantesco mundo humano la atrae, pero a la vez le teme porque la naturaleza humana es confusa. Además, cuando conoce a Shō desconfía de sus intenciones, ya que sus creencias compartidas le impiden ver con buenos ojos su ayuda. No obstante, decide creer, decide descubrir por sí misma a través de la confianza la naturaleza sintiente de Shō ¿será que lo diferente trae consigo la desgracia?

No podemos afirmar que lo diferente nos lleve a la desgracia, aunque en ocasiones, al escandalizarnos sobre lo diferente nuestras creencias nos hacen actuar de acuerdo con aquello que consideramos correcto. Entonces, lo que sucede es que entramos en conflicto con nuestras creencias y lo diferente.
En ocasiones, ganan nuestras creencias, pero nos volvemos tan apasionados que nos enceguecemos. Así, señalamos, rechazamos sin tacto o criticamos aquello que no sea afín a nuestra lógica social, cultural. Entonces, los sentires no tan buenos afloran, la lógica va conectada al sentir. La ira, el resentimiento y el miedo causan malestar emocional y el malestar emocional causa remordimiento, culpa y quizás actos egoístas. Le pasa a Haru, necesita atrapar a “los diminutos” porque es lo diferente, lo malo.

Cuántas veces confundimos la aceptación con aprobar lo que nos parece interesante de lo diferente, desconociendo su historia y optando por elegir una parte sin entender la complejidad de todo lo que abarca. Hiromasa Yonebayashi junto con Hayao Miyazaki y Keiko Niwa nos muestran la aceptación hacia lo diferente desde el cuidado y el respeto, pero también la resistencia a aceptar lo diferente y lo que conlleva. Quizás lo diferente no es en sí diferente, sino depende con los ojos que lo miremos desde nuestras creencias.


Deja un comentario