Un dilema virtual

En un abrir y cerrar de ojos la manera de comunicarnos se ha transformado radicalmente. Quizás la gente del siglo XIX nunca se imaginó que en lugar de esperar meses por la respuesta de una carta, podía hacer una videollamada por el celular sin importar dónde se encontraba. La llegada del internet ha transformado los canales y las formas de interacción con los demás.

Ahora, nuestras inquietudes pueden ser atendidas por software entrenados desde la inteligencia artificial (I.A) o podemos ir a otro país sin necesidad de hablar el idioma y traducirlo simultáneamente con una aplicación móvil. Es interesante, como las historias de ciencia ficción poco a poco van adivinando el progreso humano. Quizás, nuestros tatarabuelos nunca se imaginaron que aparte del televisor, existirían otro tipo de aparatos con pantalla que les mostrarían un universo de caminos impensados.       

Entonces, cuando nuestra manera de interactuar cambia, cambian los canales para comunicarnos. Hoy, creamos perfiles para ser parte de escenarios virtuales (redes sociales, juegos online, aplicaciones de citas). Quizás con un nombre propio o un nombre falso, es necesario para seguir la dinámica social y cultural, es necesario para sentirnos parte de algo.

Seguimos las tendencias del consumo, las tendencias fugaces y como sea nos intentamos adaptar a ese molde que se aferra a nuestros sentidos, a través del sistema de recompensa que se activa en nuestro cerebro (cuando algo nos produce placer o bienestar volvemos a repetir las acciones que lo producen). Entonces, nos pasa como en Paprika: nuestro lado inconsciente es persuadido; sin embargo, en este caso perdura en el tiempo.

¿Cuántas acciones no hacemos a través del internet? Parece que todo puede ser remplazado sí seguimos en estas dinámicas virtuales. Así, nos lo muestran Mamoru Hosoda y Satoko Okudera: en el mundo Oz todo es posible; desde las compras del hogar hasta lanzar un misil. Para ser parte de este mundo hiperconectado sólo se necesita crear un avatar y ¡listo! Parece que la preocupación no tiene cabida en este mundo virtual.

©2009 Madhouse

¿Qué tan malo puede ser? Si lo vemos desde un punto de vista objetivo, el internet cambió por completo la manera de interactuar, pero también la manera de realizar las diferentes tareas cotidianas, nos ha facilitado la vida en más de una ocasión. Además, se ha convertido en un escenario para mover masas ante la injusticia o para reivindicar los derechos desde perfiles virtuales.

Sin embargo, love machine (I.A de hackeo) convierte a Japón en un caos al robar datos sensibles a través del mundo Oz: el tráfico colapsa, los servicios de emergencias colapsan, nadie sabe qué es lo que sucede y de pronto, corren riesgo vidas humanas. Por tanto, nos revelan que la naturaleza de las cosas ni es rígida ni es estática sino que tiene su propia dinámica, naturaleza que puede ser artificial: creada por manos humanas.

©2009 Madhouse

Entonces, ¿Cuándo la naturaleza de las cosas se sale de control: existen culpables? Pero, tocaría volver a formular la pregunta qué tipo de culpables. Si bien es cierto, para resolver un crimen debemos señalar a quien lo cometió, pero qué pasa cuando ese crimen no entra dentro de las leyes conocidas, cuando no se sabe cómo culpar; esta ardua tarea depende de los acuerdos sociales, políticos, económicos y culturales de una sociedad.

Es así, como Mamoru Hosoda y Satoko Okudera nos muestran como colapsa lo conocido a través del mundo virtual y como aún no se comprende que lo virtual –aunque, se encuentre contenido en una pantalla–, hace parte de nuestra naturaleza. Ahora, todo está permeado por la era digital; no podemos ignorar que somos parte de un mundo que se adapta rápidamente: a realidades virtuales, las cuales nos invitan a seguir con el sistema de recompensa.

©2009 Madhouse

No obstante, podemos elegir. Elegir la manera en cómo utilizamos los canales para interactuar con nuestro entorno; la manera de llegar a acuerdos sociales y culturales entre lo virtual y lo real. Somos parte de un mundo híbrido con transformaciones constantes. Por tanto, no debemos olvidar que en un principio nuestra naturaleza ha sido y será orgánica, más no artificial.




Respuestas

  1. Avatar de davidmoncada77
    davidmoncada77

    Un cordial 🫂

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  2. Estamos en un mundo lleno de tecnología, aún así no debemos olvidar que somos seres sintientes y debemos expresar nuestras emociones.

    Custoc

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