Adiós al apego

Nadie nos enseña a soltar. Nos esforzamos por generar relaciones duraderas, pero resulta que lo duradero no significa para siempre. Cuántas veces no intentamos con todas nuestras fuerzas retener las emociones agradables que sentimos hacia alguien olvidando que ese otro también siente. Hay veces, nos dejamos llevar tanto por la expectativa que sin darnos cuenta no vivimos el presente.

El tiempo corre. El tiempo no se detiene. Los sueños que tuvimos, las experiencias que vivimos, las despedidas que dimos, las decisiones que tomamos pasan. La vida sigue su propio ciclo. Sin embargo, nos empeñamos en prolongar las emociones agradables dejando a un lado el paso del tiempo, atesoramos lo vivido como sí nada más valiera la pena. Así, Takaki decide apegarse al recuerdo de Akari y vivir del amor del pasado.

©2007 CoMix Wave Films

En ocasiones, pensamos que tenemos las respuestas de nuestro camino, pero la complejidad de nuestra naturaleza sintiente no se resume en un único camino. Creemos que sí hacemos esto o aquello para sentirnos mejor con nosotros mismos, la vida seguirá su curso como si nada, como sí nuestros sentimientos más profundos desaparecieran, como sí nuestros malestares emocionales a causa de mantener a toda costa lo agradable no se acumularán.  

No obstante, cuando se trata del apego hacia el pasado corremos el riesgo de cargar con la angustia de lo que fue y ya no puede ser o quizás con el temor de aceptar que ya no compartimos los mismos sentires con nuestro ser del pasado. Aquí, es complicado ser sinceros con nosotros mismos porque no estamos dispuestos a aceptar que hay veces lo que queremos atesorar se convierte en malestar.

El apego entendido desde el budismo hace referencia al sufrimiento mental, al sufrimiento que decidimos vivir desde nuestra percepción sensorial. Nos apegamos a nuestra madre porque el primer contacto con el universo es inquietante; nos apegamos a las emociones, a las relaciones con otras personas para no aceptar nuestro camino en soledad: venimos solos, partimos solos.

¿Cuántas veces el apego hacia una emoción, un recuerdo e incluso una persona nos ha permitido sentirnos tranquilos? No lo podemos asegurar, porque el apego va de la mano con la angustia: de sólo pensar que podamos perder contacto con lo deseado nos causa inseguridad, un no sé qué inexplicable en nuestro ser.

Entonces, el apego fuerte de Takaki a Akari lo obstaculiza a vivir el presente; los años pasan y su vida carece de sentido sin ella. Sucede con Chiyoko, una llave es el testimonio de vivir sólo por una promesa; sufre al pensar que quizás no pueda cumplirla entonces, se apega al recuerdo fugaz del joven pintor.   

©2007 CoMix Wave Films

No estamos acostumbrados a soltar; estamos acostumbrados es a alimentar las historias que creamos en nuestra mente. Resulta difícil no hacerlo y más cuando alimentamos las expectativas que tenemos hacia algo; no está mal en la medida en que seamos conscientes de que ello puede o no suceder, de que ello no sólo implica nuestro sentir sino, el sentir del otro. Pero, eso no pasa. En realidad, en estos casos, somos egoístas porque prima nuestro deseo al punto que perdemos contacto con nosotros mismos y el apego nos domina.    

Así, Makoto Shinkai nos muestra la complejidad de vivir en el pasado, de vivir del recuerdo. Dejamos pasar las oportunidades que la vida nos brinda a causa del apego. Nadie está a salvo del apego, nadie está a salvo de la vulnerabilidad humana. Sin embargo, somos nosotros mismos quienes decidimos cómo vivir y cuándo soltar. Apegarnos no es sinónimo de debilidad sino, es parte de nuestro aprendizaje con la vida, por tanto ¿estamos dispuestos a soltar?




Respuestas

  1. Es difícil, pero estoy dispuesta a soltar a dejar el apego no sólo a los recuerdos, sino a vivir con intensidad el presente.

    Custoc

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    1. ¡Gracias por tú comentario! Sí, es necesario soltar para no cargar con aquello que nos hace sufrir.

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