Perseverar no es vencer

Ahora, queda poco del verde intenso donde alguna vez brotó la vida. El paisaje está marchito: las excavadoras, el ruido de la sierra, los camiones transportando materiales son las nuevas formas de vida creadas por el hombre y para el hombre. Sin embargo, en las profundidades de las colinas de Tama en el templo Manpuku, aún el verde sobrevive y los tanukis (mapaches japoneses) lo convierten en su hogar.

Los tanukis en tiempos memorables dominaban el arte de la transformación, por tanto, podían convertirse en humanos o incluso en espíritus, pero aquel arte se convirtió en un arma de doble filo y a las generaciones posteriores no se les enseñó; aunque, la imprudencia del hombre ha impulsado a los tanukis ancianos a revelar su arte a los más jóvenes para proteger las colinas de Tama.

©1994 Studio Ghibli

Cuando somos fieles a nosotros mismos y a nuestras convicciones somos conscientes que nuestras acciones son las correctas; no obstante, cada ser actúa desde su propia experiencia y aprendizaje, esto quiere decir, que no todos tenemos las mismas creencias, costumbres y pensamientos, por tanto, no siempre vamos a estar en la misma sintonía que el otro, pero ello no significa pasar por encima de quien piensa diferente.

Entonces, los tanukis actúan según sus creencias: los humanos son enemigos, por ende, deben resistir para triunfar y resisten dominando el arte de la transformación, aunque no es sencillo: la concentración y la fortaleza son claves, ya que sí quieren detener la invasión de concreto, deben comprender la psicología humana, además deben ser cautelosos y cooperar entre todos.

Así, diez valientes voluntarios liderados por Gonta, utilizan el arte de la transformación y logran detener por un momento las construcciones; sin embargo, las creencias humanas son más poderosas. Los humanos creen que los eventos ocurridos se deben a la molestia de los espíritus del bosque. Desconocen la mística de la naturaleza, dependen de la lógica heredada del homo sapiens.

©1994 Studio Ghibli

Los tanukis no se rinden, toman las creencias de los humanos como recurso para infundir miedo a quienes invaden las colinas de Tama, el terror domina a los humanos, por lo tanto, huyen, pero para sorpresa de los tanukis otros llegan. Parece que la lucha es solo de ellos, no pueden contra el hombre-máquina y su mente cerrada. Sin embargo, no se quedan de brazos cruzados y van en busca de los maestros del arte de la transformación.

Quizás sea terquedad de los tanukis, pero Isao Takahata nos revela que sí nos rendimos antes de dar todo lo que tenemos, posiblemente quedemos intranquilos, preguntándonos que hubiera pasado si hacíamos lo que creíamos correcto. Lo vemos en los tanukis quienes agotan hasta el último recurso que tienen para recuperar su hogar, pero por desgracia no sale como esperan. Sucede con Porco quien comprendió el juego despiadado de la guerra.

©1994 Studio Ghibli

No obstante, vuelven a recrear como acto final: el verde intenso de las colinas de Tama, la frondosidad de los árboles, la vida rural y aquellos tanukis que sacrificaron sus vidas por defender sus convicciones, mediante el arte de la transformación; acto que no muestra arrepentimiento por lo vivido. Es cruda la realidad que nos presenta Isao Takahata, pero nos invita a no rendirnos sin importar la adversidad, lo único que llevamos consigo es la lucha cotidiana de seguir nuestras convicciones, convicciones que no agreden al otro, sino al contrario lo reconocen y lo comprenden.




Respuesta

  1. […] vemos como los tanukis se defendieron hasta el final del hombre-máquina, si son seres míticos, pero nos revelan cómo la […]

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