Elegimos, pero no sabemos que pueda suceder

Imaginamos posibilidades de ser, de sentir y de vivir; posibilidades que pueden ser pasajeras o pueden convertirse en creencias innegables; posibilidades que habitan en nuestra mente y nacen a partir de nuestras experiencias, de nuestras motivaciones o de nuestra manera de interpretar lo que vivimos, pueden ser agradables o dolorosas, pero lo cierto es que hacen parte de nuestra historia, porque es a partir de esas posibilidades que nos arriesgamos a elegir nuestro camino.    

Así, cada persona teje su propia historia: una historia íntima, intensa y en ocasiones caótica; una historia conectada a personas, a lugares, a sucesos que no son comunes a todos los seres; una historia donde la sensibilidad y la vulnerabilidad dirigen nuestros actos la mayor parte del tiempo, donde las posibilidades de ser, de sentir y de vivir persisten, pero no están libres de la pérdida o quizás de la injusticia. Tal vez, nuestra historia pase desapercibida para los libros, para los sucesos importantes, pero al fin y al cabo quién decide qué es lo relevante.

Nuestra historia no es pasiva: tenemos que movernos a partir de elecciones y actos que en ocasiones pueden ser confusos e inquietantes. Kyomoto es una niña de sexto grado quien dejó de asistir de manera presencial a la escuela; experimenta una ansiedad extrema al interactuar con la gente, por lo tanto, decide encerrarse en su cuarto, pero al leer el diario semanal con las historietas de su compañera Fujino descubre otra forma de ver el mundo: el dibujo se vuelve su refugio y el paisaje es su manera de expresar su sensibilidad.

©Studio DURIAN

Millones de historias vivas. Cómo saber cuál es la más interesante, la más misteriosa, la más arriesgada o trágica. Quizás, por causa de nuestra naturaleza humana la duda nos asalta de cómo el otro teje su historia; de cómo puede sortear la adversidad sin sentirse inseguro o temeroso; de cómo descubre sus talentos entonces en esa duda: tal vez nos comparamos e incluso nos reprochamos llegando a olvidar que la otra persona también es humana.

Fujino siente envidia de su compañera Kyomoto –a quien no conoce– se supone que están bajo las mismas condiciones, entonces por qué la calidad de su dibujo es mejor, por qué se ha robado el protagonismo en el diario semanal, por qué tiene que aparecer. De seguro, algo oscuro guarda, tiene que encontrar en ella alguna debilidad para no sentirse inferior. No obstante, renuncia a su pasión tras varios meses de no poder superar a quien considera su rival.

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Cuando una persona genera en nosotros sentires no tan agradables, ya sea por una cuestión de creencia o aprendizaje, suponemos que esa persona ha tenido un camino fácil, que no conoce de esfuerzo, frustración o quizás sacrificio; no nos la imaginamos vulnerable sino la imaginamos fuerte y con agallas. Entonces nos limitamos a creer en lo que suponemos, ignorando que esa persona al igual que nosotros también tiene sus propios juicios, tiene sus propios sentires, temores y dificultades.    

Así, cuando Fujino se encuentra de manera accidental con Kyomoto, desconfía de su timidez, pero al ser testigo del esfuerzo y de la admiración sincera que siente hacia ella: ese curioso encuentro la motiva de nuevo a dibujar; comprende que no puede seguir negando su pasión por crear historias, no puede dejarse llevar por ese malestar que ha gestado por causa de la envidia y en ese descubrimiento genera de manera natural un vínculo de complicidad con Kyomoto.

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Ninguna historia puede ser idéntica a otra, aun cuando se compartan los mismos sucesos, porque cada persona siente, interpreta y experimenta de manera distinta. Cada uno explora desde su ingenio, razón y sensibilidad aquello que elige o debe vivir. Entonces es allí donde descubrimos nuestras habilidades, talentos y pasiones, no nacen por el azar o la divina gracia, sino que se manifiestan cuando sensaciones agradables nos visitan cada vez que realizamos aquello que nos genera bienestar o nos desafían.

Durante un año Kyomoto y Fujino trabajan juntas en una historia llamada “Desfile de metal”; entran a competir a un concurso y ganan, parece que la confianza y el apoyo entre ellas es inquebrantable; la tímida Kyomoto comienza a salir de su cuarto, pero al confesarle a Fujino que quiere ir a la escuela de arte y descubrir por ella misma la vida, aunque la ansiedad la consuma, Fujino entre la sorpresa y la confusión actúa con ira, la lastima y decide alejarse.

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Hay veces, cuando generamos vínculos afectivos entran en juego las expectativas: cómo quiero que la otra persona se comporte, sienta y actué; creemos que la otra persona lee nuestros pensamientos y va a actuar de acuerdo con nuestra expectativa, así que nos decepcionamos cuando sus actos no son como esperábamos; sin embargo, la otra persona desconoce nuestro conflicto interno, lo desconoce porque no sabe de nuestra expectativa hacia ella.   

Las dos amigas se distancian, cada una elige su camino, aunque no estén juntas, en silencio se apoyan. No obstante, Fujino recibe una trágica noticia sobre Kyomoto; vuelve a casa y se siente culpable por la suerte de su amiga, quizás si no hubiera dibujado aquella vez… hay tanto dolor en su corazón que no sabe cómo aliviarlo.

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De pronto, en ese suceso doloroso, los recuerdos alegres afloran y sale del cuarto de Kyomoto una tira de manga donde parece que Fujino la ha salvado de un hombre con un hacha; Fujino entra desesperada y rompe en llanto, ese cuarto que tiene la esencia de Kyomoto, guarda como un tesoro valioso sus trabajos; el dolor que siente la alienta a no rendirse.

Así, Kiyotaka Oshiyama nos revela que en las posibilidades de ser, de sentir y de vivir no está bajo nuestro control el mundo externo. Somos una historia viva, íntima e irrepetible; una historia conectada a otras historias que pueden tener giros inesperados. Cuántas vidas no hemos ayudado a través de una palabra o un gesto desinteresado. Nuestra historia es una historia que sin duda será recordada, porque es una obra maestra para todo aquel que nos aprecia.




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