En ocasiones, la vida se convierte en un montón de eventos inesperados que parecen que solo tienen la intención de confundirnos, de molestarnos o de herirnos; es como si de repente el universo, el destino o tal vez Dios se aliaran para ponernos a prueba.
Por lo tanto, descubrimos que no tenemos el control de lo que sucede ante nuestros ojos. Intentamos aliviar de todas las formas posibles nuestro mundo interior (emociones, sentires, pensamientos, creencias propias) ante la inestabilidad y presión del mundo externo (expectativas, personas, sociedad, creencias compartidas) pero no podemos, aún no hemos asimilado ese montón de eventos inesperados que tienen diversos matices y sentires; aún no sabemos por dónde empezar y cómo afrontar lo que pasa.
Así que, no existe un manual de instrucciones o una respuesta correcta, porque es nuestra propia experiencia, saber e intuición lo que nos guía; sin embargo, podemos estar condicionados por las expectativas y creencias compartidas; cómo saber si es válido lo que sentimos y pensamos; parece que no podemos defraudar a las personas que queremos, aunque experimentemos momentos difíciles.
Mahito pierde a su mamá en un incendio, es un niño, no puede salvarla. Ha pasado un año y su padre Shoichi ha decidido que se mudarán a las afueras de Tokio. Mahito afronta su nueva realidad: pronto tendrá un hermano, su tía será su madrastra y dejará atrás el hogar que conoció. Todo pasa rápido ante sus ojos, no tiene tiempo de asimilarlo; el mundo externo lo empuja con fuerza a adaptarse, pero su mundo interior no sabe qué hacer, se siente confundido y solo.

Tal vez, no expresamos con sinceridad lo que nos parece injusto, preferimos callar, porque creemos que no tenemos la experiencia o la madurez suficiente; nos han enseñado que los adultos son el ejemplo a seguir, la voz de la experiencia, pero también se equivocan, son seres vulnerables y están aprendiendo a vivir, pero no es suficiente parece que los años acumulados pesan más, la falta de experiencia puede ser un factor determinante cuando se trata de elecciones y sentires.
Entonces, Mahito comprende que no puede rebelarse, tiene que cumplir con su rol de hijo responsable y comprensivo de acuerdo con las expectativas de ese mundo externo, pero quién lo comprende a él: los sueños recurrentes con el fuego, la voz de su madre, dónde puede expresar el dolor de su mundo interior; no es sencillo cargar con un dolor que tiene forma, pero que no puede verbalizar porque no coincide con ese mundo externo que lo oprime.

Por su parte, el mundo externo reconoce la unión entre Natsuko y Shoichi. Pero la tía Natsuko no se siente cómoda, algo le inquieta o tal vez le molesta, aunque sea amable e intente tratar como a un hijo a Mahito, percibe en él la esencia de su hermana; siente una punzada en el pecho cada vez que no puede ocultar la verdad: no es su madre y no es la primera persona en la vida de Shoichi.

Cómo saber si los sentires y las emociones que se manifiestan en el curso de los eventos inesperados están libres de complicaciones y de dolor. No tenemos la respuesta y no existe un manual con instrucciones que nos advierta que es inevitable sentir miedo, incertidumbre, ira, tristeza o frustración. Estamos acostumbrados a afrontar la adversidad sin observar nuestro mundo interior, sin escuchar nuestras necesidades emocionales, pasamos por alto que aquellos eventos inesperados, pueden ser momentos difíciles y dolorosos que no pueden ser ignorados.
Mahito después de clases toma una piedra y se golpea con fuerza en la cabeza, no puede seguir cargando con el peso insoportable del mundo externo, mientras se recupera la garza gris lo sigue molestando, no entiende si es parte de un sueño o la realidad. Un día, su tía Natsuko desaparece, entonces decide adentrarse en el bosque y buscarla en la torre.
Así que, Mahito se adentra en un mundo que funciona con sus propias reglas, un mundo sombrío, pero a la vez fascinante. La garza gris lo acompaña en su aventura, pero parece que el desarrollo de los eventos juegan en su contra. De pronto, conoce a Mimi –la joven que viene de otro tiempo y sabe dominar el fuego– quien lo ayuda a sortear los peligros de ese mundo extraño; sin embargo, al intentar salvar a la tía Natsuko, ella se niega a regresar; el peso de su dolor, la energía de aquel asteroide le oprimen el corazón.

Quizás, sí pudiéramos tener el control del mundo externo, de nuestro destino sería más fácil vivir; no tendríamos que lidiar ni con nuestra complejidad sintiente ni con la del otro. Es más sencillo saber cómo afrontar las cosas sí sabemos de antemano qué y cómo van a pasar, en lugar de ir a la deriva; no obstante, en ese supuesto control del mundo externo y el destino pueden generarse múltiples efectos que no podemos contemplar. Tejemos historias a partir de lo que anhelamos que suceda, pero el mundo externo no es como nuestro mundo interior, no está moldeado solo por una voz, por un cuerpo, por una mente: es el cúmulo de seres e historias vivas que coexisten.
El tío abuelo de Mahito maravillado por la energía del asteroide y por su singular belleza decide construir a su alrededor una torre, su extraña desaparición generó especulaciones, pero él estaba viajando por los confines del tiempo y el espacio. Así que, reunió 13 piedras para que ese mundo de la torre viva y no se extinga. Sin embargo, ese mundo extraño y fascinante se ha corrompido, porque los deseos de los seres que habitan en él no se pueden controlar.
El mundo externo parece sencillo moldearlo, dirigirlo de acuerdo con los intereses propios, con aquello que se considera correcto; no obstante, existen dinámicas que están fuera de nuestros límites imaginarios; tal vez desde nuestro pensamiento podemos contemplar todo, pero ese todo que contemplamos tiene su propio curso.
El tío abuelo le propone a Mahito que sea su sucesor, está viejo y no ha podido encontrar todavía la armonía de las 13 piedras; intenta persuadirlo para que cree un nuevo reino desde la paz y la belleza, pero Mahito rechaza la propuesta confesando que tiene maldad y una prueba de ello es la herida que tiene en su cabeza. De repente, el asteroide comienza a colapsar tras el impulso del Rey de los periquitos por tomar el control.

Quizás, el tío abuelo de Mahito fascinado por los mundos imaginarios que los libros le mostraban: dejó que su mundo interior lo llevará a conquistar y crear un mundo externo que parecía moldeable, sumiso y eterno. Quizás, la tía Natsuko no pudo con el peso de la culpa y su mundo interior la persuadió de huir hacia la torre. Quizás, Mahito para vivir en paz en el mundo externo silenció el dolor de la pérdida de su madre, de alejarse del hogar que alguna vez conoció y de afrontar lo que le molestaba.
Hayao Miyazaki nos revela que en nuestra vida coexisten dos mundos: un mundo interior (emociones, sentires, pensamientos, creencias propias) y un mundo externo (expectativas, personas, sociedad, creencias compartidas); no obstante, un mundo no es mejor que el otro, sino que se complementan.
Quizás, el mundo externo en ocasiones sea abrumador, doloroso y hostil, pero en esos momentos que parece oscuro: nuestro mundo interior puede salvarnos y aliviarnos o puede suceder lo contrario, cuando nuestro mundo interior se convierta en un túnel sin salida, en un dolor insoportable, tal vez en el mundo externo existan voces para alentarnos.


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