Sientes, pero desconfías sentir

Trata de ver todo con los ojos bien abiertos. La conmueve profundamente todo lo que siente. Me di cuenta de que eso es lo que significa vivir”.

Masamune

Alguna vez te has preguntado cómo tus experiencias, cómo tus sentires afectan tú relación con el mundo, afectan tu manera de interactuar con aquello que vives día a día. Sientes que no hay ninguna relación entre tu sentir y el afuera, quizás es porque te has sentido solo en la inmensidad de un universo que parece ajeno.

Es como si nadarás en contracorriente, pero a la vez no, parece que ese universo sobre sentires y emociones solo te atañen a ti y a nadie más, es como si lo único seguro es reprimir e ignorar aquello que nace de tu ser cuando experimentas a través de tu cuerpo y tu mente: las sensaciones que surgen antes, durante y después de una vivencia.

Entonces, desde un acuerdo social y cultural parece que debes mantener a raya tu ser sensible; debes mantener el equilibrio entre tú razón y sentir para convivir en sociedad. Aunque, desde la creencia compartida reconozcas tu vulnerabilidad y tu sensibilidad, te han enseñado que es en la soledad donde debes inflar tu propio salvavidas en los momentos de crisis; parece que no es prudente involucrar al otro en ese malestar que se gesta cuando la vida se convierte en una película a blanco y negro donde el miedo, la angustia y el dolor dominan.

El pueblo de Mifuse es una posible víctima del castigo divino, los dioses han decidido dejar al pueblo aislado del contacto exterior y de vez en cuando el cielo se agrieta de manera inexplicable. Los habitantes parecen adaptarse a esos eventos extraños que según la teoría del excéntrico señor Sagami: tras la explosión de la fábrica de acero los dioses han creado allí un Shinki* y ese Shinki es el que los mantiene atrapados.

©2023 MAPPA

Pero, cuando Masamune Kikuiri, Mutsumi Sagami y otros chicos son testigos de cómo su compañera Sonobe se agrieta como el cielo de la noche y desaparece ante sus ojos al ser tocada por una especie de lobo de humo; hay una reunión de emergencia en el pueblo y el señor Sagami sugiere que al tener el corazón roto y débil: es inevitable un destino fatal, por ello, es mejor no dejarse llevar por las molestas emociones para sobrevivir, además el lobo de humo hace parte del Shinki.

©2023 MAPPA

A través de los ojos de Masamune te sumerges en las inquietudes y deseos de un chico que no sabe cómo expresar aquello que le molesta, teme que eso que siente no sea cierto y a la vez teme que aquello que siente se vuelva más intenso. Es un espectador que te adentra a eso que no se puede decir, pero existe: la complejidad de sentir, de reafirmar que aquello que piensas y sientes el otro también lo capta.

En ocasiones, compartes con el otro percepciones similares, compartes pensamientos, pero lo sabes no porque lo hables con el otro de manera directa, sino que lo intuyes, lo intuyes a través de su comportamiento, de lo que dice y de esos silencios que se pueden interpretar como una manera de estar en sintonía con lo que se cree cuando no hay resistencia o un gesto negativo.

Cuando el señor Sagami les reafirma a los habitantes del pueblo de Mifuse que son parte de un mundo distinto al de la realidad, parte de una ilusión fugaz; cuando aquello que intuían y compartían en el silencio cobra forma a través de las palabras: los habitantes deciden vivir como si en cualquier momento fueran a agrietarse como el cielo de la noche y desaparecer; se arriesgan a sentir y a vivir sin temor a un destino fatal; por lo tanto, el Shinki –la fábrica de acero– deja de funcionar.

©2023 MAPPA

Hay veces, tu complejidad sintiente, tu vulnerabilidad y sensibilidad se contradicen de maneras que no entiendes. Un día sientes que puedes encarar a la muerte, pero al otro día le temes. La intensidad con la que sientes es la intensidad con la que vives, además esos sentires están vinculados con el otro y con tus experiencias cotidianas. Pero esa intensidad se vuelve compleja cuando emociones no tan agradables aparecen y no sabes cómo gestionarlas.

Así, cuando los habitantes de Mifuse presencian cómo conocidos y amigos se agrietan como el cielo de la noche y desaparecen; cuando de pronto ya no solo se agrieta el cielo sino las calles, las casas, los parques; cuando la realidad parece decidida a destruir el pueblo y lo viven de forma intensa: el pánico comienza a invadir a los habitantes.

El tío de Masamune y otros trabajadores eligen volver a operar la fábrica de acero con el fin de que los lobos de humo sellen las partes que están agrietadas y puedan prolongar su existencia fugaz un poco más, es decir, los lobos de humo atacan aquello agrietado que es lo real porque rompe esa ilusión que intenta sobrevivir a toda costa.

©2023 MAPPA

En ese supuesto castigo divino, en esa ilusión que se agrieta cada vez que sensaciones no tan agradables se manifiestan Mari Okada te muestra que sentirse vivo implica atreverse a expresar lo que sientes con todos sus matices claros y oscuros; a tener el coraje de afrontar que eres tú quien decide cómo interpretar y vivir su historia, aunque desafíes lo supuesto correcto.  




Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.